jueves, 3 de julio de 2014

De Tertulia con Dolores Leis.

 
 



Conozco a Dolores Leis desde hace muy poco tiempo. Nuestros contactos comunes en las redes sociales propiciaron el encuentro entre ambas. No hizo falta mucha comunicación entre nosotras para que surgiera el interés por nuestras respectivas letras y formas de hacer. A ella la sorprendió una persona especial regalándole Los gatos de santa Felicitas, y yo me regalé a mí misma su libro El último Bernal.

Desde entonces hemos compartido el café de sobremesa charlando a través de Skype o de la misma red social que facilitó nuestra amistad virtual. Estas son algunas de nuestras confidencias, confidencias que, con su permiso, comparto por aquí con los lectores de De fragua y yunque.

 

¿Dónde viste la luz primera, Dolores?

En Madrid. Soy muy madrileña

¿Recuerdas cuál fue tu primera lectura, o aquella que te hiciera reflexionar de un modo especial?

No sé si fue la primera pero el primer libro que recuerdo haber leído es: Los cinco en la isla del tesoro. Me hicieron reflexionar las primeras novelas que leí sobre adolescentes marginados y que me mostraban un mundo que me era totalmente ajeno: Nacida inocente, Historia de Karen, Sara T., por nombrarte algunas. Hubo una, Ahora qué, señor fiscal, de Luis Martín Vigil, que marcó un antes y un después.

¿Y lo último que has leído?

La muerte llega a Pemberley, de P.D James. En fase de lectura estoy con Cien años de soledad, de García Márquez.

¿Hubo entre las personas de tu entorno alguien que cultivara las letras?

Mi padre era un gran lector. De él he heredado la costumbre de leer en el autobús y antes de dormir. En cuanto a escribir, en la familia yo soy la primera.

¿Cuándo te ves por primera vez con un bolígrafo entre las manos creando tus propias historias?

Mi primera historia, libro de aventuras como las lecturas del momento, la empecé con ocho o nueve años. Estudiaba 3º de EGB; lo recuerdo bien porque los nombres de los personajes eran los de mis compañeras de clase, y una en concreto, Benita, estuvo conmigo solamente durante ese curso.

Hablemos de El último Bernal… ¿Es tu primera novela?

Es la primera novela que publico, pero no es la primera que escribo.

¿Por qué en esa época y no en otra?

El siglo XIX tiene algo especial, me apasiona, estoy cómoda en él. Además, no siento que esté preparada para escribir sobre la época actual.

¿Cuándo y cómo vislumbras por primera vez a Jimena Martínez del Rosal?

Estaba escribiendo otra novela cuando, al levantar la vista del ordenador, vi a Jimena frente a mí, estaba enfadada y el ruedo de su falda tiró el paragüero. Supe de inmediato que debía empezar una nueva novela.

¿Por qué entre olivares? ¿Algún vínculo personal con esos campos?

Ni yo misma lo sé. La idea era un pueblo con mar; el cortijo y los olivares se fueron sumando conforme avanzaba en la historia. En cierto modo era algo lógico, ya que la novela transcurre en Andalucía, lugar al que viajo a menudo porque mi marido trabaja en Sevilla

El léxico empleado en la narración, al igual que en los diálogos de los personajes, es muy sofisticado, ¿te ha resultado cómodo expresarte en esos términos tan poco usuales en nuestro momento?

Yo quería escribir una novela del siglo XIX, no que estuviera ambientada en ese siglo. Por eso cuidé mucho las palabras y la forma en que hablaban los personajes. Para mi sorpresa no me resultó difícil sino que fue como recuperar un lenguaje natural, como si siempre me hubiera expresado de esta manera. Cuando alguien me pregunta sobre mi modo de escribir siempre respondo que es muy antigua.

Para la elaboración de la historia ¿has seguido una línea de acontecimientos marcada previamente y luego puestos en orden, o la historia ha ido surgiendo espontáneamente, sin más?

Dejo que la historia fluya. Hay momentos en los que tengo claro lo que va a suceder y marco una especie de cuaderno de ruta, pero de pronto los personajes se rebelan contra el destino que les tenía preparado y toman un camino diferente.
       Lo que no hago es saltarme sucesos en el tiempo. Escribo un capítulo detrás de otro. Nunca dejo páginas en blanco que me obliguen a retroceder, y siempre los termino, nunca dejo un capítulo a medias.

¿Qué hay de Dolores Leis en Jimena Martínez del Rosal?

Si te soy sincera, nada. Ya querría Dolores Leis tener un poco de la decisión y del arrojo que tiene Jimena.

¿Qué ocupa tu tiempo actualmente?

A las actividades propias de ama de casa le sumo pertenecer a la Asociación Letras Vivas, con la que concluimos un año intenso de actos y actividades culturales, sin olvidar, por supuesto, la escritura.

¿Tendremos oportunidad de leer una nueva novela de Dolores Leis?

Te respondo con una sonrisa: Sí. Estoy en ello.

 

Creo que no exagero si digo que, desde la lectura de El último Bernal, observo de modo diferente los olivares que encuentro a mi paso cuando salgo a dar un paseo por los campos cercanos a mi domicilio. Adivino a través de sus troncos retorcidos el sabor de la tierra, de la misma manera que adivino en Dolores Leis Parra el romanticismo de Tamara Maxwell y la discreción de Luisa Pardo.

«Muchas gracias por asomarte un día a mi ventana de Facebook» le digo a modo de despedida. «Gracias a ti, por abrir esa ventana y permitirme entrar» responde con esa sonrisa que intuyo y que ya me resulta familiar.
 
 
Ilustración: portada de El último Bernal


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