lunes, 2 de octubre de 2023

Entre la sierra y el mar

 



Cuando la vida y los logros se cuentan en likes yo me escapo hasta la sierra. Voy en busca de la magia de aquel tronco y me asomo en busca de su savia muerta. Es mi árbol grande. Es mi gran árbol. Está seco, lo mismo por dentro que por fuera. 

No me importa. No me canso de mirarlo. Siempre que subo lo busco en un lado del camino. Apenas noto el cansancio cuando me sale al encuentro. Está hueco y parece la casita de unos trasgos. De nuevo una foto, para el álbum. Creo que se va afinando de un año para otro. Lo siento triste, con la tristeza de otros que visito. 

Hay árboles tristes, como los hay alegres. Al otro lado de la loma hay uno que recuperó la alegría. También estaba triste hasta que su base cobijó en su seno la esencia del artista.

Fui a visitarlo hace unos días. Acaricié la tierra donde se asienta su tronco. No está seco pero es viejo. Vive entre la sierra y el mar. Yo le recito unos versos antes de despedirme. Por si acaso mi voz atravesara el sustrato de esa tierra rodeada de broza.

Alguien había dejado a un lado una bolsa con arenilla cristalizada en su interior. La bolsa estaba rota. Nos atrevimos a profanarla extiendo aquellos cristalitos sobre la tierra. No debieron dejarla a la intemperie. Debieron cavar en la base de otro árbol donde la tierra no mostrara mucha resistencia.

Vuelvo al valle. El puente y el campanario de la iglesia me dicen que ya estoy en casa. Aunque en realidad no es esta mi casa ni este mi valle. 

Vuelvo con la garganta seca y con el dolor intacto.




lunes, 25 de septiembre de 2023

¡Ea, se acabó la fiesta!

 




 

La última ha sido en un pueblo vecino de la costa. El hombre -los hombres, porque fueron dos- no pudieron entrar a la zona de seguridad del cadafal (cadalso o tablado de madera según la RAE). La gente que se amontonaba tras los barrotes de entrada lo impedía.

Entre estos aficionados a la fiesta taponando la entrada y las astas del toro, esta vez sin los herrajes con fuego, están las desafortunadas víctimas.

El espectáculo: Un toro nervioso embistiendo y corneando, los hombres alcanzados temiéndose lo peor y la gente de dentro del cadafal estirando sus cuellos para una mayor visión y no perderse nada de la cogida.

En el recinto acondicionado, gritos de alarma, algunos de angustia, otros de sorpresa, lamentos, teléfonos móviles grabando la cogida para compartirla luego en las redes. Uno de los corneados, el que fallecería horas más tarde, era un conocido peñista del pueblo. Tenía experiencia en Els bous al carrer, quizá de ahí la sorpresa ante su mala suerte.

Esto no es una crónica taurina, aunque podría ser y yo haberla titulado «Crónica de una tarde festiva que acabó con suspensión de la fiesta», pero no lo es. Si acaso bien pudiera ser un punto de reflexión.

Dicen los que saben, o creen saber, que cuando un toro mata a un torero en la plaza, se sacrifica a toda la estirpe del animal. Aquí, no. Hace años, siendo yo jovencita, el toro o vaquilla que mataba a una persona en las fiestas del pueblo, aumentaba considerablemente su caché. El animal daba mucho juego y eso se pagaba. «El juego» ya sabemos en qué consistía.

Quienes son de mi generación y de mi zona tal vez recuerden a aquella Marisol, al Gorrión, al Ratón. Este último de fechas más recientes y disecado por su dueño, tal vez en homenaje a los buenos beneficios que le proporcionó en vida. Cogidas mortales y caché caminan de la mano.

Cuando los pueblos contrataban estos animales para exhibirlos en los festejos taurinos durante sus fiestas, la noticia corría de boca en boca (no había internet), y los peñistas y no peñistas de localidades vecinas inundaban las calles engalanadas, en espera de que diera comienzo la suelta de vaquillas o el embolado de la noche. Unos para jugar con el animal y divertirse un rato, los otros para ver si había suerte y cogía a alguien delante mismo de ellos. No sé si a esto se le llama morbo o estupidez.

Sea como fuere, y a pesar de las voces en contra, esta actividad sigue siendo el eje principal de los festejos locales, que junto con las procesiones del santo o santa del lugar conforman el broche de oro de las fiestas patronales en los municipios de mi comunidad. Incluso en esos con denominación de «Ciudad Cultural».

Actualmente, gracias a los políticos de turno y a su entusiasta taurino y Vicepresident del Consell, estas actividades han ascendido a la categoría de «cultura».

Y ahora me pregunto: ¿Por qué no «evolucionamos» un poquito más, y empezamos a suprimir toros y vacas por buenos ejemplares de leones, seleccionados y mejorados para su juego en las plazas? Además, contribuiríamos a la no extinción de su raza, ¿no?

Sean felices y disfruten de lo que queda de fiestas.

Imagen: El Mundo.

 


lunes, 18 de septiembre de 2023

AQUEL VERANO DE 1960

 



AQUEL VERANO DE 1 9 6 0

MOISÉS CORONADO FERNÁNDEZ

CUADRANTA Editorial .


AQUEL VERANO DE 1960 me llegó hace unos meses, pero no ha sido hasta este caluroso de agosto que he podido dedicarle tiempo.

Al principio me costó seguir el hilo narrativo: presentación de personajes que no conseguía ubicar y cambios en el narrador de primera persona. No obstante, una vez puesta en escena he llegado al final de la lectura que ha resultado bastante cómoda y amena.

La historia la sitúa Coronado en los años sesenta, fecha a la que alude el título. La comarca donde se desarrolla la acción es la de Los Serranos, en la Comunidad Valenciana, más exactamente en una pedanía cercana al municipio de Gestalgar.

Con unas suaves pinceladas el autor nos abre una ventana desde donde se aprecian todavía los días grises, en los que el abuso y acoso por parte de las fuerzas victoriosas tras la contienda perdura, a pesar de aquellos Veinticinco años de paz.

Los montes son el cobijo de quienes no se resignan; el aislamiento con el rebaño y las condiciones de una vida ya de por sí difícil, y el afán empresarial de quienes cuentan con los recursos suficientes para establecer en la zona la actividad maderera, conforman lo que, a lo largo de la obra, nos va a llevar a reconocer ese vínculo especial que se genera entre vecinos, la ayuda mutua, sin importar los ideales políticos de cada uno de ellos.

Y en el núcleo de esta historia, el primer protagonista, invidente desde el nacimiento, hilo conductor con el resto de personajes: El amigo de la infancia, la motivación del maestro recién llegado a la escuela, la solidaridad de quienes tienen poco que compartir y la sorpresa que, aun a destiempo, es capaz de mitigar o compensar en la medida de lo posible los años de inseguridad e incertidumbre.

 

***

 

A veces, a los autores nos gusta jugar con los espacios físicos. Buscamos aquel que más nos agrada en la imaginación, o el que más se aproxima a nuestras necesidades para la ubicación del relato. No importa si existe o no. No importa si se llama Monturiel o si la concesión de su suelo para la construcción de la maderera se corresponde con la realidad del empresariado del momento o de la comarca donde situamos a nuestros personajes. Nosotros inventamos o copiamos de la realidad, y a la curiosidad del lector le compete identificarla o no, y quién sabe si hasta identificarse él mismo entre la lectura.

La historia arranca con la escena situada en la escuela: Un joven maestro nacional que llega, otro que se jubila y un niño con una característica especial. Y tras estas primeras escenas el proceso de desarrollo de la obra: la alternancia de los personajes en sus diferentes épocas -de ahí lo complicado de la narración-, la información precisa para cada guion que, a modo de píldoras nos va acercando a cada uno de ellos.

1960 fue, desde luego, una década, si no prodigiosa, sí especial en cuanto a la música que nos llegaba a través de las ondas, a una finísima grieta por la que de vez en cuando se colaba la esperanza, pero, sobre todo, una época gris en la que apenas nos dábamos cuenta de que estábamos siendo felices a pesar de las penurias de quienes vivían ocultos en los montes, cuyas circunstancias nos eran completamente ajenas a la vez que desconocidas.

 

 


martes, 6 de junio de 2023

PRIMAVERA LITERARIA EN CPFPA ENRIC VALOR

 

 


30 de mayo, las 18:00h. CPFPA (Centro Público de Formación Permanente de Adultos) ENRIC VALOR, Xirivella. A mi espalda, el encerado; frente a mí, los alumnos -sobre todo mujeres- ocupando sus asientos en el aula. Van entrando en pequeños grupos, hablando entre ellos y ocupando las sillas. El aula se llena y yo, lejos de sentirme nerviosa, me siento cómoda y con una agradable sensación de camaradería con las personas que me observan a la espera de que dé comienzo el acto.

Se trata de una actividad literaria. Su director y uno de los profesores del departamento de Lengua me presentan. Los escucho con la misma atención que los asistentes y, tras agradecerles sus palabras, me encuentro de pronto hablando sobre mí misma.  Lo hago como si estuviera tomando café con unas amigas en la cafetería de la esquina.

«Yo también soy EPA», les digo. Fue hace muchos años, y fue la base que me permite estar hoy aquí, frente a ellos, hablándoles de la que fue mi primera novela publicada y que gracias al buen hacer de Ediciones Ondina y a la gentileza de su director, ve de nuevo la luz con una nueva edición. Les hago un breve resumen de mi andadura literaria y mucho hincapié en la importancia de la lectura.

Ahora ya he conseguido que los protagonistas de esta charla sean ellos mismos. Están leyendo la novela Los Gatos de Santa Felicitas. Es una de las tareas de clase de Lengua. No dudan en hacerme muchas preguntas acerca del proceso de elaboración de la historia y yo procuro no dejarme nada en el tintero. Les hablo del intercambio de correos electrónicos con mi amiga Débora, de cómo mi curiosidad me lleva a preguntarle sobre lo cotidiano de aquella tierra y en una época concreta. Ellos se interesan por todo y yo les hablo del duelo, de una foto en la que un gato parece posar de forma arrogante; de mis paseos virtuales por La Boca, El Riachuelo, plaza Colombia, la iglesia…

Acabamos hablando del resto de libros -publicados o no- y de nuevo de la importancia de leer. Insisto: Hay que leer, leer y leer; fijarse en cómo se expresan los autores, en sus formas al mostrarnos las escenas desde el papel. Leer mucho, porque leyendo crecemos. «Eres lo que lees», me atrevo a decirles en un amago de arrogancia por mi parte.

Sin que apenas me diera cuenta hemos llegado al final del acto y, como despedida, el profesor me invita a leer un poema.

En mi bolso llevo un ejemplar de EPISODIOS COTIDIANOS, también de Ed.Ondina, y les recuerdo que en la biblioteca del Centro cuentan con un ejemplar, pero que si les gusta el género lo pueden adquirir en la tienda online de la misma editorial.

Se hace de nuevo el silencio en el aula, y solo se escucha mi voz hablándole a ese mar mío:

 

Dime, Mar:

¿Me estás echando de menos?

Dime que ansías mi presencia de sal

frente a tu orilla,

que extrañarás mis huellas

sobre la arena de tu playa

al llegar la luz primera.

 

Dime, Mar,

si, estando tan cerca,

me sientas tan lejos

como yo te siento,

si te elevas sobre la última ola

para posar tu mirada azul

sobre la inhóspita loma.

 

Dime, querido Mar,

que esperarás mi abrazo

cuando el cielo se vista de gris

y mi cuerpo sea lluvia

que baila su último sueño.

 

Dime, querido Mar…



Imagen: CPFPA



jueves, 30 de marzo de 2023

Los gatos de Santa Felicitas - Reedición

 


«Quiso la fatalidad que hace ya poco más de un año me pusiera en contacto con una amiga y colega de mi querido hermano, ausente hoy en mis días, aunque no en mi recuerdo.»

Han pasado casi catorce años desde que comenzara, con las palabras que preceden, la introducción a esta historia.

Durante todo este tiempo la vida ha seguido su curso. El duelo se fue superando poco a poco y otros vinieron a hacerse hueco, aunque nunca de forma tan intensa. La amistad con Débora sigue intacta, pero ahora hemos sustituido los e-mails por videollamadas. Otras imágenes y colores —así como otras historias narradas— nos han mantenido ocupadas; y mientras nos dedicábamos a nuestras respectivas tareas, la primera edición de Los gatos de Santa Felicitas se fue agotando.

La falta de ejemplares y el deseo de muchos lectores de conseguir uno de ellos, aconsejaba esta nueva edición que ahora ve la luz a través de Ediciones Ondina.


Punto de venta: ondinaediciones.com