viernes, 24 de abril de 2020

Los amigos cuentan... MELISA LÓPEZ







Siguiendo con mi ronda de preguntas a mi círculo de escritores/as, hoy me acerco hasta Melisa López. Ella es Especialista en Políticas de Género e Igualdad. Hace algún tiempo ya os comenté acerca de su libro NIÑA INVISIBLE en el que narraba de forma novelada su propia experiencia y que, a modo de guía, es una de sus herramientas de trabajo en los talleres y charlas que lleva a cabo por distintos institutos, no solo de nuestra Comunidad, sino también de distintas ciudades de nuestra geografía.

Anoche mismo, cuando contacté con ella para ver si le apetecía contarme cómo lleva su confinamiento, no lo dudó ni un momento. Y aquí tenemos sus respuestas:

¿Qué día comenzó tu encierro?

Fue el 13 de marzo.

¿Planeaste u organizaste previamente una ruta de tareas?

No tenía planificada porque, entre otras cosas, pensaba que sería una semana o quince días, y tenía trabajo para esos días desde casa. Conforme pasaban los días en esa primera semana las noticias que nos llegaban no parecía que fueran de levantarse el confinamiento. Aunque tenía trabajo no me ocupaba todo el tiempo y empezaba a necesitar salir. Fue entonces cuando planifiqué tiempo para hacer ejercicio, leer, ver series, videollamadas…

¿Sigues esa planificación todos los días o también improvisas?

Para nada. Lo cumplí tres días y empecé a improvisar o a saltarme mi propio planing porque me gustaba también estar sin hacer nada, o simplemente porque cuando era la hora que había planificado, por ejemplo, para leer, no estaba concentrada. Estoy adaptando las actividades a lo que me pide el cuerpo y el estado de ánimo y no al revés.

¿Sigues las noticias sobre la pandemia? ¿Por qué vías?

Sigo las comparecencias y algún artículo de opinión de prensa digital. Alguna noticia también por esta vía e intento no mirar los comentarios que les siguen en las redes con opiniones de personas como yo, que no tenemos ni idea de pandemias.

¿Cómo es uno de estos días?

Pues la verdad es que no están siendo horribles. Son raros, son aburridos a veces y son reclutados… Para mí lo peor es que no me dé el sol, el aire o ir a la playa un rato, a una terraza con mi gente… Tengo la suerte de que nadie a quien quiera está en peligro de salud ahora mismo, ni nos ha faltado nadie. Así que en este contexto me siento privilegiada. Los días no están siendo iguales entre ellos porque hablo con mi familia, mis amigas y amigos, estoy con mis hijxs… y cada persona me va aportando cosas distintas cada día, temas de conversación, cosas que les pasan, recuerdos que traemos para animarnos… y hacen que la mente no esté estancada en un eterno Día de la Marmota.

En cuanto a las rutinas, ahí sí son iguales unas a otras, pero también mis días cuando no había confinamiento eran rutinas: te levantas, te duchas, café, algo de trabajo, niñxs, lectura, redes, música… Para mí lo importante estos días está siendo ocupar la mente más que los tiempos. Esos me preocupan menos. Y te podría asegurar que estoy hablando con mi gente en estos más de lo que hablo en una rutina anterior al encierro.

¿Te vienes abajo en algún momento?

He tenido algún momento de nostalgia, pero no de tristeza ni de asfixia. Sí que he tenido un poquito de pena pensando en las actividades al aire libre, en movernos por los espacios libremente… pero me puede haber durado unas horas. Entonces lo que hago es algún ejercicio de relajación, conecto conmigo, lloro un podo si me apetece llorar y luego estoy como nueva. No evito esas sensaciones porque negarlas no me iría bien y saldrían después por otro lado.

Comentas que una de las actividades a que dedicas tu tiempo es a la lectura. ¿Y la escritura? ¿Estás trabajando en algo nuevo?

Pues lo cierto es que no estoy escribiendo nada. En casa somos cinco, dos adolescentes y un niño de tres años. Mi capacidad de concentración y atención estos días está bastante alterada. Me cuesta incluso leer más de veinte minutos seguidos. Así que me estoy centrando, cuando por algún extraño motivo hay silencio en casa, en hacer ejercicios de escritura, pero en los que me trabajo yo para estar serena. Nada que tenga un hilo conductor; nada que se parezca a una historia o pueda ser mínimamente creativo. Solo lo utilizo para cuidarme; son notas, son ejercicios…. No es escritura en sí como la entendemos en el sentido de crear historias.

¿Algo nuevo a la vista para cuando acabe esto? Tengo muchas inquietudes últimamente, así que eso es lo peor porque no acabas de apasionarte por algo en concreto. Tengo algo a medias desde hace tiempo bastante adelantado. Son dos historias que se quedaron colgadas por el camino. No he vuelto a necesitar retomarlas y para mí eso es señal de que no es la historia que quiero contar. Porque cuando necesitas contar algo no te arranca del ordenador ni una pandemia. Eso, ahora mismo, no me está pasando. He intentado provocarlo pensando que ahora, justamente, tengo tiempo. Pero para escribir, el tiempo es un factor, pero solo uno. Cuando he necesitado escribir de forma urgente porque me lo pedía el cuerpo, daba igual que fuera en una cafetería de forma improvisada antes de entrar al trabajo, en el descanso o incluso desvelada, porque había sentido que le quería dar un matiz o una frase a un fragmento concreto.

 Lo que sí tengo claro es que tengo pendiente contar experiencias que me han ido pasando y mi forma de alivio es mediante la escritura. Lo que ando ensayando es el formato, la forma de narrarlo, si será en primera persona o lo contará alguien que no sea yo para, con la escritura, tomar perspectiva. Ando con ese lío, que también me viene bien.



 ***


Siempre es un placer escuchar, entablar conversaciones con mis amigas/os escritores. Y siempre me aportan positividad. Durante estos días en los que decidí apartar la pluma y dedicarme únicamente a escuchar, me siento verdaderamente relajada, satisfecha de contar con todos estos amigos y amigas entre mi círculo de amistades. A través de sus respuestas, de sus experiencias en estos días extraños, compruebo la diferencia generacional que hay entre algunos de ellos —o algunxs de ellxs, como suele escribir Melisa cuando se trata del género—, y también la lucidez  de todos y cada uno de ellos.

Muchas gracias a todxs.

Buenos días




jueves, 23 de abril de 2020

Los amigos cuentan... RUTH SICILIA TORRES





Hoy, 23 de abril es un día especial para quienes disfrutamos escribiendo historias. Unas veces nos decantamos por inventar esas historias, luego les damos forma y, si podemos, las publicamos. Otras, escribimos a modo de novela, nuestras propias experiencias. Este es el caso de Ruth, quien se sirvió de las letras para contar su historia: MI IMPENETRABLE SONRISA.

Yo la conocí a raíz de la publicación de su libro. Desde entonces somos amigas. Y es a ella a quién he dirigido hoy mis preguntas sobre cómo afronta este tiempo de confinamiento.

¿Llevas confinada desde el primer día?

Como madre de dos hijas, una de ellas con una discapacidad del 77%, el 13 de marzo comenzó nuestro confinamiento. Como normalmente hago una compra grande semanal, y la había hecho el miércoles anterior, el día 13 solamente salí para ir a la farmacia a comprar alcohol y mascarillas, y aproveché para cambiar una batidora que se me había estropeado y que la necesito para preparar algunas comidas de mi hija.

¿Trazaste alguna ruta de tareas para los días que se avecinaban o eres de las que improvisan sobre la marcha?

No hice ninguna ruta en especial. Día a día vemos si hace falta algo, hacemos listas y solo sale mi marido de casa a hacer los recados pertinentes los días que sea estrictamente necesario. Cada día improviso todo, hasta lo que vamos a comer. En estos momentos de ansiedad lo que menos necesito es una obligación impuesta por mí para seguir ningún tipo de rutinas.

Tú eres una persona involucrada, no te gusta mantenerte al margen. ¿Sigues las noticias? ¿Por qué vías?

Un par de veces al día vemos noticias. A mí me gusta verlas en el canal 24 Horas, donde suelen salir comparecencias en directo. Me he dado cuenta que luego tanto en redes como en imágenes de las mismas se tergiversa la información, recortan entrevistas y hasta ponen frases que sacadas de contexto cambian mucho la información que daban en directo.

¿Cómo son ahora tus días?

Intentamos levantarnos pronto. Entre semana la niña pequeña tiene clases online y la niña especial va detrás de nosotros. Con ella improvisamos alguna actividad para que haga algo similar al colegio. Mientras tanto vamos poniendo lavadoras, recogiendo, limpiando, preparando la comida… Hasta la hora de comer no paramos. Una vez hemos comido intentamos que la niña mayor, que por su discapacidad toma medicamentos muy fuertes, duerma la siesta. Nosotros aprovechamos para elegir una película de Netflix y verla con la niña pequeña que tiene siete años. Por la tarde preparamos alguna merienda entre todos. Mi hija pequeña ha cogido afición a la cocina y a veces grabo sus recetas y las cuelgo en un canal que se ha abierto en Youtube. Jugamos a algo todos juntos: guerra de cojines, hacer payasadas… Y también hacemos videollamadas con amigos y familiares. Todo eso hasta las ocho de la tarde que salimos a aplaudir. Ese es un momento muy bonito en el que ves que hay vida fuera de tu casa. Después preparamos la cena, pero a veces cenamos más tarde porque en ese tiempo hacemos bailes, ponemos música, pintamos… Un poco lo que más apetezca. Luego toca un rato de televisión hasta que las niñas se quieren ir a dormir. Y ya, cuando se han dormido, mi marido y yo solemos ver alguna película que nos guste a nosotros, ya que pasamos todo el año sin tiempo para ver la tele.

¿Te vienes abajo en algún momento del día?

Me vengo abajo mil veces al día. A veces cuando hablo con mis padres, otras cuando durante los aplausos mandan besos a mi hija, también si mis hijas se pelean o las siento tristes. Pero también me levanto enseguida e intento animar la situación.

Con todo este trajín de las niñas imagino que no tendrás mucho tiempo para leer o escribir. Cuando empezó todo esto ¿estabas trabajando en algo nuevo? ¿Sacas algún rato para escribir sobre lo que está ocurriendo?

Soy una persona muy positiva, doy muchas vueltas en mi cabeza a lo que quiero escribir. De hecho, estoy escribiendo un libro sobre ser una familia con una hija especial. Pero estos días sin intimidad, siempre rodeada de mi familia me cuesta mucho centrarme y tener un rato de silencio sin interrupciones para poder escribir. Sí que quiero introducir en mi libro de Francina cómo ha sido para ella por su condición y para nosotros como padres, este confinamiento, esta situación.

*

No tengo la menor duda de que esta situación está resultando muy complicada para muchas personas, cuanto más, para familias que, como la de Ruth, comparten su confinamiento con aquellas que precisan de una especial atención.

Muchas gracias, Ruth por atender a mis preguntas. Me consta que no andas sobrada de tiempo. Ha sido un placer leerte.




miércoles, 22 de abril de 2020

Un miércoles de abril






22 de abril y llevamos… En realidad, no sé cuántos días de confinamiento. No los cuento. Solo, cuando desconecto por las noches y apago luces, pienso: «Ya tenemos uno más y uno menos»

Es cierto que ya empiezan a pesarme. Esta mañana al despertarme no sabía con certeza si era miércoles o jueves. Me sigo despertando triste. Después, durante el día, la tristeza pasa inadvertida por el exceso de trabajo en casa. Mi familia está confinada conmigo y eso me alivia. Seguimos todos bien que es lo que cuenta en estos momentos. Mi hijo y mi nuera no están lejos y comprobar cada día por teléfono que también siguen bien me tranquiliza.

No escribo. Tampoco leo. Mi déficit de atención es bastante considerable. No me centro en nada. A veces cojo un libro y hojeo sus páginas sin detenerme en ninguna. Otras, leo un fragmento en voz alta, me grabo en audio y lo envío al grupo de «primas». Ellas me envían a mí otros tipos de mensajes: fotos de familia que yo desconocía y en las que a veces aparezco cuando era niña; recetas de cocina de las que hacía la abuela; anécdotas de nuestras madres de cuando eran jovencitas… Nos gusta estar en contacto. Antes no lo estábamos como ahora. Además de que no nos veíamos tampoco nos llamábamos. Quizá, cuando acabe todo esto, si acaba pronto y el drama no nos salpica a ninguna, volvamos a ser por un tiempo las primas de siempre, las que correteábamos mientras nuestras madres coincidían en casa de los abuelos. Personalmente me gustaría, pero tengo la impresión de que una vez finalice todo esto nos olvidaremos de la comunicación que ha surgido a raíz de esta pandemia que nos mantiene a todos encerrados en casa.

Me informo poco y mal acerca de los acontecimientos. Apenas veo la televisión. Detesto que saquen las imágenes de féretros amontonados. Y, sobre todo, detesto que las manipulen y las utilicen políticamente. ¿Cuántos muertos vale un voto? ¿20.000? ¿30.000? Posiblemente el gobierno actual no lo esté haciendo todo lo bien que algunos desean. Tampoco todos los ciudadanos están actuando como debieran, y alrededor de unos y otros acuden los necios como los buitres a la carroña. Hay quienes trabajan, aunque no consigan hacerlo bien, para derrocar al virus, y los hay que trabajan incansablemente para derrocar al gobierno. Y juegan sucio, muy sucio. La gente ha confundido la «libertad de expresión» con la «libertad de difamación» Y es triste. Muy triste. La mentira, el insulto y la difamación llenan cada día las redes sociales. Nadie pregunta por cómo van los ensayos de la vacuna, por qué estudios están haciendo nuestros científicos, en el caso de que estén en activo y con los recursos suficientes. Solo preguntan por la cantidad de muertes y contagios. Y algunos hasta se frotan las manos: A mayor número de unos y de otros, más probabilidad de escupir a la cara al presidente y a su equipo.

Y no veo a nadie, absolutamente a nadie, preguntándose si la pandemia ha saltado ya a los países del llamado Tercer Mundo, aquel al que no llegan las mascarillas ni los confinamientos. Tampoco se preguntan ya por los refugiados que huyeron de las guerras, ni si continúan los bombardeos en aquellas ciudades masacradas. Tan poca atención le prestamos a estos países que aún no nos hemos percatado de qué pasará cuando este nuevo virus llegue hasta allí y se sume a los que ya padecen.

Nosotros seguiremos encerrados en nuestras casas con nuestras comodidades, contando los muertos, los nuestros, y culpándonos unos a otros por no poder salir a la calle. Y mientras tanto, el enemigo invisible saltará hasta los países más débiles, perpetuándose por no se sabe cuánto tiempo.






domingo, 19 de abril de 2020

Los amigos cuentan... EMMA FONDEVILA






Cuando se cumple más de un mes desde el inicio del confinamiento impuesto por el Gobierno, mi curiosidad me lleva hasta Emma Fondevila. Ella es traductora y poeta, al igual que Emilio, su marido, de cuyos días encerrado en casa ya os comenté en mi anterior entrada.

Emma, como el resto de mis amigas y amigos del círculo de escritores, acudió enseguida a mi llamada cuando le sugerí la idea de que me contara el modo en que está viviendo estos días de reclusión y aquí tenéis sus respuestas:

¿Qué día comenzó tu confinamiento?

Fue el primer día, el 14 de marzo

¿Previamente hiciste una ruta de tareas para los días que se aproximaban?

No me dio tiempo a programar nada. Aquel fin de semana fue una locura mientras trataba de hacerme a la idea de que no iba a poder salir salvo para hacer algunas cosas que se consideraban imprescindibles. ¡Diferentes concepciones de lo imprescindible! Todavía estaba abierto el jardín de la urbanización y se podían dar algunos paseos a las horas en las que no había nadie. Eso hacía que el encierro fuera más soportable, pero el lunes me encontré con el acceso al jardín cerrado. Creo que fue entonces cuando caí en la cuenta de cómo iba a ser realmente y me vi en la necesidad de planificar las tareas.

¿Sigues esa ruta todos los días o improvisas?

Intento seguirlo. Por las mañanas no me cuesta mucho. Por las tardes es otro cantar. Parece que las horas se van alargando a medida que transcurre el día, y a veces me puede el desánimo.

¿Sigues las noticias? ¿Por qué vías?

Sí, tal vez más de lo que debiera. Nada más levantarme pongo la radio y a lo largo del día voy recurriendo a distintas fuentes: Internet, los informativos de televisión, otra vez la radio… Según… Me molesta sobre todo el clima bronco de las noticias políticas, creo que es lo que más me preocupa de la presente situación. Pensar cómo vamos a salir de esto, si con un gobierno progresista que encare la situación pensando en los ciudadanos o con un gobierno como el que gestionó la crisis anterior pensando solo en hacer nuevos ricos. También me indigna la actitud de la UE y su falta absoluta de solidaridad, que sigan enrocados en las soluciones que se demostraron ineficaces e injustas y de las que no quieren despegarse.

¿Cómo es ahora uno de tus días?

Después del desayuno hago un rato de gimnasia, aunque a veces me siento antes al ordenador un rato, sin forzarme. Después hago las tareas de la casa. Al principio limpiaba compulsivamente. Le di la vuelta a la casa. Después me calmé y voy haciendo lo que considero necesario. La comida la hacemos mi marido o yo; después de comer vemos alguna serie. Todo esto lo vamos alternando con recorridos ida y vuelta por la terraza que no es muy grande, pero hay que mantener algo de actividad. Después dedicamos un tiempo a la lectura, aunque hay días en que a mí me resulta imposible concentrarme. Por la noche solemos ver una película. Procuramos acostarnos siempre a la misma hora, las doce, más o menos. En cuanto al sueño, tengo altibajos.

¿Te vienes abajo en algún momento?

Sí, hay días que estoy muy activa; otros, me cuesta atenerme a la rutina que he fijado. Depende en gran medida del tiempo. Si está un buen día y no hace frío, puedo estar un rato en la terraza y eso me anima mucho. Si no, me puede el desánimo. También influyen mucho las noticias. Me preocupan las cifras de muertos y contagiados, me apena mucho la forma en que muere la gente, casi siempre alejada de sus seres queridos, y quienes pierden a alguien y no pueden hacer debidamente el duelo, pero también el clima político del país. Creo que a partes iguales.

Seguro que entre las tareas para hacer más llevadera esta situación, la más importante o quizá a la que más tiempo dedicas es a la lecto/escritura. ¿Estás escribiendo sobre lo que está sucediendo con respecto a la pandemia? ¿Algo nuevo a la vista para cuando acabe esto?

Así debería ser, pero hay días en los que no puedo con ello. He estado leyendo libros de poetas argentinos como Javier Galarza, María Malusardi y Natalia Litvinova. Afortunadamente, me llegaron poco antes del encierro. Libros muy interesantes como La noche sagrada, de Javier Galarza, en el que hace un repaso de la literatura desde Holderling y la va encadenando con Rike, Heidegger, Celan, Freud, Kafka… todo un recorrido por el siglo XX que refleja los cambios sociales de esa época tan convulsa. Otros libros como Lo atenuado, también de Galarza, o Artista del hambre, de María Malusardi o Un cesto de trenzas, de Natalia Litvinova, son muestras maravillosas de la poesía argentina actual. Mientras los leía pensaba que es una pena que tan poco de esto llegue aquí. Los libros que se editan en Buenos Aires son imposibles de conseguir aquí, y pocas editoriales españolas se atreven a hacer una reedición. Apenas llegan los libros de María Negroni; el de Natalia sí que está editado en España en «La bella Varsovia». Tenía pensado interesar a algún editor, sobre todo por La noche sagrada, de Javier, que es un libro interesantísimo, pero con todo esto, quién sabe con qué nos encontraremos cuando salgamos.

En cuanto a escribir, voy tomando notas. Yo no suelo escribir sobre lo inmediato, por lo general me tomo un tiempo para reflexionar antes de que surjan poemas o relatos. Me pasa cuando viajo, por ejemplo. Voy dejando apuntes, reflexiones. En este caso tienen tintes filosóficos y son bastante sombríos. En fin… la situación no da para más.

En cuanto a los proyectos para cuando esto acabe… tengo un poemario que tenía fecha de publicación para enero, pero ¿quién sabe? ¿Valen de algo los planes anteriores? Todo es tan incierto, tan impredecible como la propia vida…


*

Todo esto me lo contaba Emma desde su casa de Collado-Villalba, hace apenas unos días, tras un periodo de confinamiento de algo más de un mes.  Aún nos quedan días, semanas… por delante, cuyo final es tan incierto e impredecible como ella siente. No obstante, nosotras seguiremos estando en contacto como hasta ahora, leyéndonos a través de las redes y compartiendo poesía, de aquí y de allá, su tierra al otro lado del gran mar.






jueves, 16 de abril de 2020

Los amigos cuentan... EMILIO MUÑIZ CASTRO





Siguiendo con mi indiscreción preguntando aquí y allá a mis amigos escritores y poetas, mis preguntas van dirigidas hoy a Emilio Muñiz Castro. Traductor, poeta y declamador/locutor, dirige el programa radiofónico La poesía y los poetas en la emisora de radio local de Collado Villalba donde reside. Yo lo conocí a través de una amiga poeta, Emma Fondevilla, de cuyos poemas he dado cuenta más de una vez en este blog.

Me consta que en casa de Emilio se respira la poesía, que esta impregna cada una de las paredes, y que este encierro involuntario la hace vibrar en cada momento del día. Él, como la mayoría de nosotros, comenzó su confinamiento el primer día, el catorce de marzo. Al preguntarle si previamente se había marcado una ruta de tareas me respondió que no, ya que no es su costumbre hacer planificaciones a largo plazo, sobre todo desde que está jubilado. Ha trabajado como autónomo durante más de cuarenta años, por lo que no ha necesitado planificar las rutinas. «Ya las hemos desarrollado con los años, sobre todo en el caso de los profesionales relacionados con la industria editorial», me dice, y agrega que, como traductor, siempre ha tenido una disciplina vinculada a las obras cuya traducción le encargaban a plazo fijo. «No me cuesta mantener el confinamiento, aunque algunas tardes se me hacen más largas que otras, sobre todo si no luce el sol». Concluye ante mi pregunta acerca de la imposición de esta medida.

Y sí..., la ausencia de sol ha sido casi permanente desde los primeros días de encierro. A mí que me gusta la lluvia y me aferro a ella en los momentos de vacío literario, también me han importunado tantos días lluviosos. A la sensación de clausura se ha añadido el color de un cielo que más bien parecía sumarse a la tristeza e incertidumbre del momento.

Mi amigo sigue con atención las noticias. Lo hace por todas las vías: «por tierra, mar y aire», me dice. En su casa se despiertan con la Cadena Ser, y a lo largo del día van cambiando a otros medios.

Además de ver y leer las noticias, no deja hueco para el aburrimiento.  «¿Cómo es un día normal de estos días tan… no sé si llamarlos extraños?», le pregunto. Sé que es muy activo culturalmente, por lo que su respuesta no me sorprende: «Nada de quedarme en la cama más allá de las ocho de la mañana. Luego, desayuno, gimnasia ligera cuando toca; unas veces lectura de poesía; otras, audición de música; bastante actividad en el ordenador, bien para escribir, bien para preparar una breve sección de radio, La poesía de la vida, que sale al aire los viernes a las 13:00h por Ser Sierra, y que ahora hago por teléfono. Si hace buen tiempo, paseos por la terraza, tareas domésticas compartidas, planificación del almuerzo y la cena, cocina cuando toca, ligera siesta y series en la sobremesa, lecturas por la tarde, telediario, cenas después del telediario y, de nuevo, series o una peli.»

Le pregunto si se viene abajo en algún momento. Me responde que en general no, pero que todos los días, aunque no haya confinamiento, asoman los cambios de humor. «Pero al final se impone el optimismo», reconoce.

Nuestra conversación llega a su fin. «Estás escribiendo acerca de lo que sucede en el país y a nivel mundial por la pandemia? ¿Estás trabajando en algo nuevo para cuando acabe todo este lío?  

«Bueno, me dedico a la lecto/escritura y a hacer pan. En casa solo compramos pan de panadería una o dos veces a la semana… o eso era lo que solíamos hacer. El resto del pan que consumimos de harina integral o mezcla, lo hago yo. Pero las tartas y las galletas las hace mi mujer. Estoy tratando también de perfilar un poemario con todo el material que ya tengo escrito. Solo me refiero tangencialmente a las experiencias diarias, y no de manera expresa. Mi poesía es de carácter metafórico, expresa mis sentimientos y mis estados de ánimo, pero no es referencial como la llamada poesía de la experiencia.»

Hace apenas dos días se cumplió el primer mes de confinamiento en nuestro país. A unas personas les costará más que a otras superar esta prueba. Como os contaba al principio, la casa de Emilio está impregnada de literatura, poesía y música. Un ambiente extraordinario para hacer más llevadera esta situación.

Podéis escuchar su programa de radio en: La poesía y los poetas www.ivoox.com




domingo, 12 de abril de 2020

Los amigos cuentan: JOSÉ MANUEL PEDRÓS






Hoy, también, de nuevo, «podría escribir los versos más tristes esta noche», pero no quiero. No deseo buscarme por dentro y mostrar con la tinta o el teclado lo que me corroe, me entristece o me indigna en estos momentos difíciles. Prefiero, desde que comenzó este confinamiento, mantenerme alejada de la poesía. No quiero versos tristes y tampoco de esperanza. Ahora quiero poner mi teclado al servicio de mis amigos y amigas que, como yo, son amantes de las letras. Me gustaría saber cómo afrontan ellos y ellas este confinamiento, esta primavera tan extraña como incierta.

José Manuel Pedrós ha sido el primero en atender esta curiosidad mía. Él es escritor y columnista de la prensa local. Su último libro En el ancho camino salió a la luz hace unos cuantos meses y sobre él ya comenté en este blog una vez que finalicé su lectura. 

¿Qué tal, Pedrós? ¿Qué día comenzó tu confinamiento?

Si no recuerdo mal, fue el 15 de marzo

¿Previamente hiciste alguna ruta de tareas para esos días de confinamiento o improvisas sobre la marcha?

No, no había previsto nada. Voy improvisando sobre la marcha

Tú sueles ser una persona bastante informada. ¿Estás también estos días siguiendo las noticias? ¿Por qué vías?

Sí. Las sigo por televisión

Cuéntame cómo es uno de estos días

Me levanto, me ducho, desayuno, leo, escribo algo, hago alguna cosa en casa, veo la televisión, y poco más.

¿Te vienes abajo en algún momento?

Normalmente no, aunque a veces siento un poco de preocupación

Seguro que entre las tareas para hacer más llevadero este encierro, la más importante o quizá la que más tiempo dedicas es a la escritura. ¿Estás escribiendo sobre lo que te preocupa? ¿Algo nuevo a la vista para cuando acabe todo esto?

Sí, suelo escribir para El Económico artículos de opinión relacionados con este virus, y también escribo algo relacionado con la última novela que tengo entre manos.

Y, por último: ¿Crees que acabará esto pronto y bien?

Creo que un mes más no nos lo quita nadie. Después, me imagino que progresivamente volveremos a la normalidad, pero teniendo precauciones, y soy un poco escéptico en cuanto a pensar que esta solidaridad que ahora se ve en general, puede continuar. Ya veremos, aunque me gustaría que fuéramos más humanos.

*

Una semana antes de que se impusiera el estado de alarma, José Manuel Pedrós y yo teníamos dos citas: la primera de ellas para tomar un café y charlar sobre cosas de esas de las que a ambos nos gusta hablar, «de letras»; y la segunda, unos días más tarde, para presentar su último libro EN EL ANCHO CAMINO en el Centro Cultural Mario Monreal de Sagunto. No pudo ser. Pero será. No nos cabe la menor duda. Y entonces retomaremos nuestras charlas, con café o con un helado. Mientras tanto, seguimos leyéndonos y escribiéndonos casi a diario nuestros respectivos «¿Cómo estás?, por aquí todo bien, saludos a tu esposa...» «Por aquí también, abrazos y cuidaos…»

Porque… Los amigos cuentan.


jueves, 2 de abril de 2020

Incertidumbre en la lluvia





Imposible concentrarse, a pesar de los ratos de silencio. La lectura de Lorca, la música de Marradi, la tinta en la pluma y el teclado cerrado… 

Uba se fue como se fue la certeza. Me dejó la lluvia, sí, pero teñida de temores.

No tuvimos tiempo de despedirnos como corresponde a dos buenas amigas que han compartido madrugadas durante los últimos meses.

Tal vez vuelva un día envuelta en niebla.

Tal vez cuando nos abran las puertas para comprobar que ya no queda nada.


Fotografía: Amanecer desde Alcalá Galiano -I.Murria-