domingo, 5 de febrero de 2017

Las Águedas




 

Hoy 5 de febrero Santa Águeda y las mujeres son protagonistas en muchas localidades de nuestro país.

Cuenta la leyenda que la santa sufrió martirio por negarse a los deseos sexuales del procónsul de Sicilia. Fue hace muchos años, en el siglo III, cuando eran los cristianos quienes padecían las persecuciones y no los herejes, científicos y demás ciudadanos desafectos a la cruz portada por el inquisidor de turno.

Se dice que, en venganza, el procónsul envió a la santa a un lupanar donde milagrosamente conservó su virginidad, y que esto lo encolerizó tanto que ordenó que la sometieran a tortura y le cortaran los senos.

Santa Águeda está considerada protectora de las mujeres, es la patrona de muchos municipios españoles y también de las enfermeras. A ella se recurre para aliviar o curar las enfermedades de los pechos y los problemas relacionados con la lactancia.

En el seno de la comunidad aragonesa este  también es un día especial y el Centro Aragonés de Puerto de Sagunto se ha sumado, un año más, a la jornada festiva.  Desde primera hora de la mañana las mujeres del Centro se han dado cita en su sede, donde han comenzado con un buen desayuno a base de chocolate y churros. Más tarde ha llegado el traspaso de bandas y pregón, en el que ambas presidentes de Santa Águeda, entrante y saliente, han dirigido unas palabras a sus compañeras en referencia a la vida y milagros de la santa, así como a la situación por la que, a día de hoy, siguen pasando muchas mujeres víctimas de malos tratos a manos de sus parejas. En apoyo a estas mujeres y en recuerdo de la última víctima por violencia de género, el discurso ha finalizado con un minuto de silencio.
 
Baile y comida han ocupado gran parte de la mañana, pero quizá la joya de la corona de estas actividades ha sido, en mi opinión, el karaoke de la sobremesa. Podría enumerar cada una de las actuaciones, pero me temo que me extendería mucho en mi crónica. Ha habido alegría, compañerismo y en no pocos casos, un «buen hacer» artístico por parte de varias de las mujeres, como han sido la magnífica interpretación de Dreamed a dream, de «Les miss Hathaway» por parte de Iris, o La Boeheme, interpretada por la amiga Ángela en su querida lengua gala.

Como cierre de actividades y previamente a la clausura de la jornada, el grupo «Tertulia Poética Puerto», invitado por las Águedas ha colaborado con la lectura de Los Cuentos, texto de Ángela Navarrete en el que se hace referencia en tono jocoso a los tradicionales cuentos infantiles.

Esta ha sido la primera vez que he asistido a Las Águedas del Centro Aragonés de mi localidad, y debo decir que lo he pasado muy bien, en un ambiente muy entrañable. He disfrutado con cada una de las actividades y me llevo un grato recuerdo de Mayte, la animadora del baile, así como de Marta, su niña, partícipe en todo momento de cada uno de los actos. He podido comprobar también la complicidad sobre el escenario, durante los karaokes, entre las diferentes generaciones de mujeres de una misma familia: madre, abuela y nieta; madre e hija; amigas y  compañeras dentro y fuera del círculo aragonés... micrófono en mano, unidas y, a ratos, abrazadas cantando, bailando y riendo. Ha sido bonito de verdad.

Por mi parte, y para finalizar esta jornada especial, me he permitido el placer de saborear, tras una ligerísima cena, la que ha sido mi primera Tetica de la santa, el dulce de nata y chocolate coronado con una guinda a modo de pezón, tradicional en este día de la mujer aragonesa, día de Las Águedas.

 

 

 Imagen: Laura recibiendo la banda de manos de su antecesora.

martes, 10 de enero de 2017

Siempre refugiados




Tu tarde se ha vuelto pálida y la hojarasca de mi parque se ha transformado en tosca cama, húmeda y crujiente. Aún no han llegado las primeras nieves a cubrir las cumbres de tus días y observo desde mi atalaya de sal cómo se pierden tus ojos de océano entre las sombras del tiempo, buscando los recuerdos de una calle de tierra, intentando hallar el número impar de una casa cualquiera.

Yo también busco… Busco mi pañuelo de impotencia para enjugar esa lágrima solitaria que se desliza silenciosa a través del surco de tu piel refugiada. Mi rostro guarda silencio mientras observo a tu voz que ya no habla, y sólo conversan ya unos ojos más abajo de tu mirada.

A unos pasos de distancia de tus horas y de mi noche se escuchan los jadeos de los jóvenes amantes, que quieren perderse entre el silencio de tu palabra y mi palabra. Desean olvidar, aunque sea por un instante, que yacen sus cuerpos en un lecho prestado, sobre un suelo frío, tapizado de hojas secas.

Tu cuerpo se vuelve de espaldas para ignorar los susurros de los jóvenes enamorados, y yo, triste espectadora de la palidez de tu tarde, corro tras tu angustia para escuchar el grito que emiten tus entrañas que se retuercen. Pero mi carrera es en vano. Desde la distancia oigo sonidos de muerte. Son las voces de las bombas aliadas que hacen blanco y que iluminan los perfiles de tu barrio.

Enmudecen tus silencios y tus rabias, los jadeos se interrumpen y dan paso a mis sollozos que expulso con voz de niña de mar. Ahora te veo a lo lejos, donde mi tarde se vuelve mañana y mi parque de horas grises se transforma en un instante en el aula de tu amanecer. Tus párpados permanecen muy quietos bajo las líneas finas de tus cejas, tan oscuras como mi impotencia, y cierras tus puños con fuerza al despedirte de tu cetro de viejo profesor.

Nunca más escucharé de tus labios lo que vale la palabra..., lo que cuesta una doctrina.

Desde la palidez de tu tarde, desde mi atalaya de sol, tú y yo, los dos, contemplamos con horror el resplandor que ilumina el perfil del viejo barrio, donde en una calle de tierra, en el número once de la acera bordeada de voces adolescentes, la vieja escuela arde en llamas estridentes que se elevan en la negra noche, y se llevan a los fantasmas de tu cuerpo refugiado y de mis versos aliados.

 

 
De: La otra realidad -1995-
Imagen: Blas Estal. -Bosquejo-
 

martes, 20 de diciembre de 2016

Mirada incierta






       Te observé
y tu mirada incierta
se quedó prendida en mí
marcando un antes y un después
en los días que ya caminé

     Clavaste tus ojos
en línea recta hacia el lugar
donde se refugiaba mi voz
tal vez porque esperabas un abrazo
que se postergó

     Acaso deseabas
algo más que la palabra
Hoy presumo más que un verso
colmado de tu belleza
y dejo que permanezca intacta esa mirada

    vinculada
por siempre a tus ojos
y a mis propios ojos para el resto
de los días que me quedan
por andar.

De: Poemas de puertas adentro
Fotografía: I. Murria -Amanecer -

domingo, 18 de diciembre de 2016

Los niños no lloran




Ya ni siquiera lloran los niños de Alepo…
Hay imágenes muy tristes y desgarradoras
pero yo no quiero ilustrar con ellas mi rabia
ni exponerlas a modo de mercancía barata
en el escaparate de las redes sociales.

No quiero hacer de los niños de Alepo un poema
tan solo quisiera cerrar mis ojos y pedir
un deseo… de los que se piden en silencio,
únicamente eso. Desde mi impotencia
no puedo hacer nada más que desear y rabiar.

Ya no lloran los niños en Alepo.
Ya no hay ni lágrimas para mitigar su dolor.
Así de grande es ese dolor.


De: Poemas de puertas adentro
Ilustración: Blas Estal -De la impotencia-

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Las luces de mi pueblo




Durante estos días estoy leyendo y escuchando no pocos comentarios acerca de nuestra tradicional navidad, de cómo han venido las costumbres de otros países a establecerse entre nosotros y el modo en que las hemos aceptado o adaptado a las nuestras. Tanto los defensores de lo viejo como los de lo nuevo se enzarzan en discusiones que a veces, en las redes sociales, llegan a una feroz grosería, tal vez porque no hay un cara a cara o cuerpo a cuerpo.

Parece ser que este año, en mi pueblo, desde el Consistorio se han demorado en la colocación del alumbrado festivo, y el jaleo que se ha armado ha sido, si se me permite la expresión, «morrocotudo».

Las descalificaciones hacia el equipo de gobierno se vienen sucediendo desde la primera semana de diciembre, pues siendo como era ya Navidad en El Corte Inglés no se comprendía que en el municipio no lo fuera también. El edil correspondiente ha salido al paso de la situación con un comunicado en el que explica las razones por las que este año el alumbrado se retrasaría hasta más avanzado el mes. De poco le ha servido su nota, ya que apenas tres o cuatro de los comentaristas han sido capaces de leerla.

La carnaza estaba servida desde el primer día. Unos han aprovechado el tirón para, al más puro estilo de alguna madre madrileña, poner a los niños como los grandes damnificados por la ausencia de luces. Otros denunciaban que con este retraso se perjudicaba al pequeño comercio, ya que era durante estos días cuando éste podía incrementar sus ventas. Ignoro si quien escribía esto hace sus compras en este comercio de barrio durante el resto del año. La cosa se fue liando hasta convertir unas lindas luces en un tira y afloja político y reprochar a los votantes que no estuvieran de acuerdo en mantener en el Ayuntamiento al anterior equipo de los populistas. Perdón, quería decir populares. Es que con esto de los sufijos a los seguidores de los grupos políticos cada día me lío más.

Como se trata de mi pueblo, aunque no viva en él desde hace unos cuantos años, me atreví a comentar lo irrelevante de que las luces se pusieran  más pronto o más tarde. Otra cosa sería que no se pusieran, pues al igual que a mí, a muchas personas les hace feliz contemplarlas. En mi casa siempre comenzaba la navidad el día del sorteo. Era entonces cuando poníamos el nacimiento con las figuritas de barro.

Al principio pensé que quienes se quejaban lo hacían en broma. No fue así, ni mucho menos. Me ha sorprendido tanto la reacción de mis antiguos vecinos que me he atrevido a decirles que no reconozco a la gente de mi pueblo. No debí hacerlo. Ahora resulta que yo formo parte de las personas amargadas que no celebran la fiesta, y que soy simpatizante del partido en el Ayuntamiento, ése que quiere dividir a España, que saca a los asesinos de la cárcel y que defiende a la ETA. Ah, y «tengo menos luces que un mechero». Esto último me divirtió mucho.

Anoche aún seguía leyendo lo que piensan mis queridos porteños, y al ver el énfasis con el que defienden el alumbrado en las calles me preguntaba si es que había vuelto de nuevo el espíritu de lucha que nos identificó en otras épocas. Aquel que nos sacaba a la calle cada Primero de Mayo. Pero al ver los argumentos expuestos me di cuenta de que no. Recordé la manifestación organizada por la Coordinadora de Parados de la Comarca del Camp de Morvedre, y el escaso volumen de asistencia a la misma, apenas doscientas personas. Y pensé también en las últimas concentraciones de las distintas asociaciones en contra de la violencia de género, sin apenas respuesta. Y me vinieron a la mente unas cuantas cosas más que no viene a cuento citar aquí en esta nota y que prefiero guardarme para mí.

Yo no soy creyente sino dudante —como Chavela y Atahualpa— pero me gusta celebrar las fiestas. Tanto, que en mi casa todos los meses son navidad y nos reunimos los miembros de la familia alrededor de la mesa, y eso que somos diecisiete. Sí, mi casa es como un nido. No soy una amargada y el próximo día veinticuatro, mientras unos celebren el nacimiento de un mito, yo cerraré los ojos y pensaré en el Yule y en La Noche de las Madres, porque puestos a elegir, esta celebración del solsticio de invierno me gusta más que la eclesiástica, que al fin y al cabo es una adaptación de otras más antiguas, aunque desde los púlpitos no lo quieran reconocer y transmitirlo a los fieles. No pondré luces en el balcón ni en la puerta de mi casa. Las tendré todas encendidas en el interior y dejaré los visillos corridos para que se adivinen desde la calle. Cenaremos lo que el frigorífico nos dispense y mis manos sean capaces de elaborar de la mejor forma posible. Brindaremos posiblemente con sidra porque nos gusta más que el Cava o Champaña y cuando haya que cambiar la hoja del calendario, volveremos a estar todos juntos. Entonces aprovecharé para indagar en los deseos de mi gente querida con el fin de hacer mi listado para la fiesta de las Hadas del Sendero, ésas que cada año, al pie del árbol o al lado de mi cueva de corcho, dejaban una luz especial en las miradas de mis hijos.

Pero todo esto será más adelante. Cuando se acerque el día, y entonces ya me asomaré hasta vosotros para felicitaros las fiestas. Ahora aún no… Todavía no toca.

 
Fotografía: Fran O.S

martes, 6 de diciembre de 2016

En diciembre





Ya vamos caminando por los primeros días de diciembre. La lluvia, tan ansiada por estas latitudes mediterráneas, ha cesado. Se hizo esperar pero finalmente llegó, y lo hizo desmesuradamente, anegando campos y cubriendo de lutos algunas familias. Hoy luce el sol. Es un sol tímido, húmedo, que apenas proporciona calor. No importa porque la temperatura tampoco es excesivamente baja.
Hoy es día festivo. Dicen que celebramos el aniversario de nuestra Constitución. Hay quienes no lo celebran porque en su día no la votaron, o la votaron en contra, que no es lo mismo que no votarla. De eso hace cuarenta años y a mí ya se me antoja una señora Constitución en su periodo de climaterio, muy próxima a la menopausia. «Nosotros, los de entonces, no somos los mismos» dijo Neruda. Y en efecto, así es. Los que votamos aquel 6 de Diciembre ya no somos los mismos. Todos hemos cambiado mucho, y hay quienes hoy, ni son, ni están ni se les espera. Las circunstancias tampoco son las mismas, y quizá por eso habría que sacar a nuestra señora Constitución a la calle, para que viera con sus propios ojos y escuchara con sus propios oídos el modo en que se incumplen no pocos de sus puntos fundamentales.
Alguien me dijo en una ocasión que, si las cosas están bien para qué cambiarlas. «¿Para mejorarlas?», respondí. Por lo visto él no necesitaba que se mejorara nada y eso me recordó la cita atribuida a Jodorowsky: El pájaro que nació y se crio en una jaula cree que volar es una enfermedad.
Pasaron las lluvias y quizá ahora llegue el frío que corresponde a esta época del año. Pasará también la tan celebrada festividad de La Purísima y llegarán los días de Navidad; esos días en los que todos nos volvemos mejores personas porque es lo que toca. Nos arroparemos en nuestras mejores galas y saldremos a consumir, que también es lo que toca, independientemente de nuestro presupuesto. Nos felicitaremos por la calle incluso con los desconocidos porque acaba de nacer un niño que ya tiene más de dos mil años. Todos seremos un poco más cristianos y tal vez un poco menos católicos. Habrá quien siente un pobre en su mesa y le obsequie con un bocadillo de choped, y tras la limosna el anfitrión se sentirá más cerca del cielo, porque de eso se trata: de ganar un trocito de cielo. Al igual que en la política, aquí no cuenta el altruismo, aquí los favores se pagan y el choped bien merece una pequeña mordida allá arriba.
Y después…, de nuevo a cantar en la jaula, porque ahí es donde realmente nosotros, los de entonces, nos sentimos felices y seguros.

 Ilustración: Juan Lacárcel

 

jueves, 1 de diciembre de 2016

Aún otoño



He transcendido más allá
de mí.
El otoño aún vibra
y corre tras las hojas perdidas.
La luz se vuelve oscuridad
sobre los perfiles
de las lomas...

Ya aguarda la noche.



-De: Poemas del desarraigo-
-Imagen: Blas Estal-