lunes, 20 de mayo de 2019

EPISODIOS COTIDIANOS EN HORNO ALTO




Momento de la presentación. Con Elena Muñoz y Marián García



EPISODIOS COTIDIANOS ha comenzado su recorrido más allá del monitor. El pasado jueves 16 de mayo, los Episodios fueron presentados de forma oficial. El escenario donde se dio cita con los lectores no pudo ser más apropiado: El Horno Alto Núm.2. Allí se fraguó el inicio de un núcleo de población cuya vida giró en torno a su fuego, a su estruendo al chocar la escoria en las aguas del puerto, al rojo de su mineral, a su entorno de naves, talleres, oficinas y… también en torno a una lucha continua contra los accidentes laborales y en favor de mejoras salariales y de seguridad.

Fue en este entorno siderúrgico de olor a hierro y sonidos de sirena donde vi la luz. Fue también en ese mismo lugar donde conocí la incertidumbre en el momento de la reconversión, cuando los otros dos hornos, compañeros del Núm.2 sucumbieron en la reconversión industrial que dio comienzo en 1983/84.

Tras todos estos años en los que los terrenos e inmuebles de la antigua fábrica han permanecido silenciados e inhóspitos, yo, al igual que el resto de vecinos de Puerto de Sagunto, he encauzado mi vida alejada de aquel suelo rojizo y su olor a mineral. Hay olores que nunca cambian, y aquel siempre estuvo mezclado con el de los azahares de los campos que rodeaban el perímetro del pueblo. Ha sido con ese aroma a azahar con el que he transitado los años, con el que han crecido mis hijos y sucumbido mis padres. Siempre me acompaña, de la misma manera que siempre me acompaña el origen del que me siento muy orgullosa.

Fue desde la distancia desde donde evoqué aquellos días a la vez que vislumbraba un cielo diferente, más azul, más limpio, sin más sonidos que el de los pajarillos que anidan en el parque. Aquí en este remanso de paz en un rincón de La Baronía sentí la nostalgia, el desarraigo y la resignación y también, cómo no, la serenidad que otorgan los años cuando en tu entorno más cercano se instala la estabilidad.

Quiero agradecer a José Manuel Tarazona, actual concejal de cultura del Ayto. de Sagunto, su sugerencia de presentar el libro en tan emblemático lugar. Él fue quien me dio el contacto de FCV Patrimoni Industrial i Memòria Obrera Port de Sagunt. Una breve nota sobre el poemario en un email a la Fundación y una rápida y satisfactoria respuesta por parte de dos de sus gestores, Luis y Sonia, me pusieron en marcha: Conversaciones con Elena Muñoz, directora de Ediciones Ondina, encargada de la publicación; y con Marián García, trabajadora incansable, escritora y presidente de la Asoc. Cultura Vintci Omnia, de Ágora Puerto Cultural y artífice del taller de escritura de la Escuela de Adultos Miguel Hernández y del taller infantil de Librería de Arco.

Mi gratitud también a todos los amigos que decidieron acompañarme en el acto, a pesar de lo ajetreado de una semana electoral repleta de actividades en las que la mayoría de ellos estaban involucrados de una u otra forma.



«He trascendido más allá
de mí.
El otoño vibra, corre
tras las hojas caídas

Y la luz se vuelve oscuridad
Sobre los perfiles
de las lomas.

Ya aguarda la noche»



EPISODIOS COTIDIANOS —del desarraigo. Libro primero— pág.28
Ediciones Ondina –MADRID 2019
Portada: Blas Estal Hernández



El libro está disponible en Librería Arco,
 de la calle Cid de Puerto de Sagunto 
y vía online a través de la editorial Ed.Ondina


lunes, 13 de mayo de 2019

Presentación EPISODIOS COTIDIANOS






Desde la Fragua y el Yunque he venido compartiendo con vosotros muchos de los poemas que conforman el poemario EPISODIOS COTIDIANOS. Desde el principio los versos de Espontáneos, así como muchos de las Elegías y no pocos surgidos del Desarraigo o de Puertas Adentro, han contado con vuestras visualizaciones y, a veces, con algún comentario. Ahora, por fin, ha llegado el momento de que que todos esos poemas vean la luz.

La casualidad, o quién sabe si el destino, ha propiciado que la puesta de largo de Episodios Cotidianos se lleve a cabo en un escenario inmejorable para la ocasión: la sala de conferencias y exposiciones del Horno Alto núm.2.


Será el jueves 16 de Mayo a las 18:30 h., y me acompañarán en la mesa, Elena Muñoz, directora de Ed.Ondina; Marián García, escritora y máxima responsable de las asociaciones culturales “Cultura Vintci Omnia”, “Marián Creación Literaria” y Ágora Puerto Cultural” y Sonia Garcés, Tècnica de Patrimoni  de FCV Patrimoni Industrial i Memòria Obrera Port de Sagunt.

domingo, 12 de mayo de 2019

El trayecto






De nuevo en el autobús. Y qué distinto se me antoja este trayecto de aquel otro… En este nadie habla, nadie se conoce, nadie tose con su tos desde dentro y nadie me incita al texto. Ahora cada uno va a lo suyo. Y lo suyo es el sueño, el teléfono móvil y, sorprendentemente, un libro.

Todas las filas de asientos están ocupadas por un solo usuario. Ocupan ambas plazas, una para sentarse y la otra para depositar su bolsa y chaqueta. No importa si el autobús va lleno, no prestan atención al recién incorporado al pasaje. Tampoco se preocupan si este último viajero tiene algún asiento libre más atrás.

Yo, como siempre, busco acomodo en un hueco al principio de las filas. En el lado que me permite ver el mar. ¡Se ve tan bonito desde la autovía! Más tarde me reñirá por haber escogido este lugar. «De mitad para atrás y del lado opuesto al del conductor» me aconseja siempre él, tan veterano en esto de viajar en autobús, tan recordando muchas veces el trágico accidente.

Ya no me fijo en los rostros de mis compañeros de trayecto. No me pregunto cómo serán sus vidas. No me interesa. Son personas anónimas que nada me aportan. Eso era antes, en los otros viajes donde las caras del pasaje eran ya familiares, donde sus historias, contadas en voz alta al conductor habitual, inspiraban mis apuntes.

Ahora es otra mi ruta y yo también me aíslo. En el interior de mi concha prescindo de mi escritura en el bloc de notas del móvil. Ya me dispongo a disfrutar del silencio mientras contemplo, desde mi asiento en el lugar desaconsejado por él, el paisaje marino que tanto echo de menos desde mi terraza rodeada de colinas y de campos desamparados y yermos.



Fotografía: El mar desde la autovía

miércoles, 1 de mayo de 2019

Las otras escritoras





Somos las poco leídas, las no consagradas, las que no se ven en las vitrinas de las librerías. Somos las escritoras de batín y zapatillas, las poetas sin ritmo ni medida. Somos las otras que escriben y somos la pasión con un bolígrafo en la mano.

Nos leemos entre nosotras, nos comentamos y compartimos. No aparecemos en los medios y las redes sociales son nuestro nexo de unión. A veces coincidimos en las ferias y comprobamos que, además de un perfil de Facebook, somos personas de carne y hueso. Nos abrazamos y fotografiamos juntas para dar testimonio de nuestro encuentro.Y llegamos a casa con el bolso lleno de libros y el gesto feliz y satisfecho.

A la mañana siguiente nos ponemos ante el ordenador con la intención de seguir escribiendo, de seguir levantando la voz ante aquello que nos mortifica o nos subleva, con el deseo de que esa voz llegue hasta donde sea posible ser leída, aunque apenas se nos conozca en las librerías, en las tertulias o en los medios convencionales.

Somos las otras escritoras, independientes y tenaces, incapaces de guardar silencio cuando tenemos un bolígrafo o teclado a nuestro alcance.


En la Feria del libro de Valencia -2019. Con la escritora y poeta Silvia Cuevas Morales.

miércoles, 6 de febrero de 2019

El ciclo






Se supone que debería haber escrito estos Apuntes hace ya algún tiempo. Quizá debí seguir con mi costumbre de tomar mi boli de gel azul y relajarme frente a los folios, en la sobremesa, acompañada de la música suave de cualquiera de los videos que a diario selecciono. Esos fieles compañeros que se cuelan entre las líneas de todos mis textos.  Como en este preciso instante, en que Michel Pépe parece observarme desde el interior de los auriculares.

No ha sido fácil prescindir de la pluma durante todo este tiempo. No obstante, ha sido agradable dedicar el tiempo a otros menesteres.  Poesía y Vida… La segunda así, con mayúsculas. Vida inocente, de tierna piel y translúcidos huesos. Vida de mirada limpia y dulce voz, a veces exigente.

Ha sido un paréntesis en lo cotidiano para volver de nuevo a «lo cotidiano» de otros días y otras horas. Tal vez de otra vida en la que ya no me reconozco. Es el círculo que se va cerrando. Apenas queda un pequeño segmento por el que entra y sale la quietud y la incertidumbre, el regocijo y la nostalgia.

A veces, a través de ese pequeño espacio me escapo al blanco y negro de esa vida que ya no me pertenece. Me sitúo de nuevo sobre un suelo de una calle de tierra, con casas bajas y rústicas aldabas en sus puertas entreabiertas.  Aspiro el humo de sus chimeneas sin que al hacerlo mis bronquios se congestionen. Una de las casas tiene su puerta a medio abrir, o a medio cerrar. Siempre me acerco hasta esa casa. Nunca a ninguna otra. Me asomo hasta la carbonera situada bajo la escalera que sube al gallinero y me permito ensuciarme las manos con la carbonilla que queda en el suelo oscuro del cubículo sin ventilación.

Las escapadas las realizo casi siempre en días grises, otoñales. Y a veces hasta siento el frío de aquellos otoños viejos. Otoñadas diferentes, en las que el frío se instalaba en el cuerpo junto con la humedad de las paredes recién abandonado septiembre. Me gusta entonces abrigarme, y pasar por la puerta de la panadería donde huele a pan caliente recién horneado. De vez en cuando me quedo rezagada y me alcanza la tarde. Unas señoras pasan por mi lado ajenas a mi presencia. Cuando se alejan su perfume a colonia barata permanece por un tiempo en el aire. Van a lo suyo, que no es otra cosa que llegar a tiempo a misa de seis. Cuando no tengo prisa espero hasta ver salir al cura: Alto, delgado, con una pequeña calva en su coronilla del tamaño de una hostia consagrada. Sé que lleva un anillo de oro en los dedos de una de sus manos. Los niños se le acercan para besar ese anillo. Él accede muy solícito. Sus manos son muy blancas y finas, poco trabajadas en el ladrillo o en la pintura. No son como las del carbonero que reparte los sacos con su carro. Se aleja tan tieso como cuando salió de la parroquia. No vive lejos de ella. Allí le espera la mujer que vive con él. Es su hermana, pero la gente, que en esos días grises no tiene tele ni internet y es mal pensada, cotillea por lo bajo y dice que no es cierto. Él no tiene hermanas. Lo sabe la señora que asegura haber nacido en el mismo pueblo que él.

Debo darme prisa y regresar al interior del círculo antes de que la vida me alcance en su último tramo.

Los días grises dan paso al cielo azul y limpio de la sierra. Es invierno, pero apenas hace frío. Los inviernos ya no son como los de los días grises. Me introduzco de nuevo en el interior del círculo, en mi ahora. No tengo intención de que el ciclo finalice todavía. Queda mucho por escribir, mucha poesía por leer y mucho cuidado que prestar a esos ojos recién asomados a la vida. Apenas tienen una semana y les da pereza permanecer abiertos más tiempo del que lleva succionar en ambos pechos. A su lado, junto a la pequeña cuna, él estaciona en batería su colección de coches de colores… El de patrulla, la ambulancia, el de bomberos y el helicóptero que se cuela como un intruso en la flota, lo mantendrán ocupado inventándose la historia del momento hasta que todos choquen entre sí al final de la rampa, improvisada con un trozo de cartón apoyado en el primero de los escalones que suben hasta las habitaciones.

Yo permanezco observando esos ojos y esas manos que, de alguna manera, son la prolongación de mis propios ojos y mis propias manos. Y sonrío mientras busco la forma de transmitir la emoción del momento. Un momento que sí me pertenece y al que me entrego en cuerpo y alma postergando mi cita con los folios y con mi boli de gel azul.





Fotografía: LEH

martes, 5 de febrero de 2019

Una niña mala




Mi madre decía 
que yo era una niña mala, 
más que mis hermanos.
Cuando hacía algo mal 
me recriminaba.
Yo no entendía de maldades
ni de bondades.
«El Señor te ve», decía. 
Y solo me veía a mí. 
A mis hermanos no.
Entonces comencé
a temer a ese señor
y me hice buena.
Hoy sigo siendo buena 
y ya no le temo...

Ahora temo a otros señores
cuando, en la noche, 
                 regreso sola a casa.



De. Los cuadernos de Uba
Fotografía: Ismael Murria


domingo, 6 de enero de 2019

La casa de la esquina





La casa de la esquina es la última de la calle. O la primera, según se mire. En la fachada, dos ventanas separadas por una puerta de desvencijada madera. No tiene paño donde introducir llave alguna. Se abre a los amigos con tan un solo un ligero empujoncito y un «¡¿Se puede?! ¡¿Qué hacéis, familia?!

El recién llegado se encuentra ante un patio encalado con mimo. Su suelo es de cemento de la fábrica local. Es alargado, con macetas a ambos lados, geranios y murcianas en su mayoría, de diversos colores, de tamaños similares y agradable perfume…

Es la casa de la esquina, la que permanece en mi recuerdo, la casa en la que, a veces, me introduzco a hurtadillas cuando por las noches sueño.



Fotografía: lestal