domingo, 16 de septiembre de 2018

Presentación Los gatos de Santa Felicitas




Tras unos años de silencio, Los gatos de Santa Felicitas vuelven a salir a la luz. Será el próximo viernes 21 de septiembre, a las 19:00h., en la sala del Centro Aragonés de Puerto de Sagunto.

El acto está organizado por Marian Creación Literaria en colaboración con Ágora Puerto Cultural, Asociación Cultural Vincit Omnia y Centro Aragonés de Puerto de Sagunto.

Me acompañarán en la mesa Sherpa Hogan y Mariachu López Garrido que presentará el acto.

Al finalizar, se ofrecerá un pequeño refrigerio.

Como sabéis, es un acto de puertas abiertas al que estáis todos invitados.

De Fragua y Yunque - Lola Estal

jueves, 6 de septiembre de 2018

Septiembre siempre







Te siento en cada poema.
Te intuyo en cada trazo de la blanca tela
En un adagio que se oye a lo lejos
En el vaivén de una hoja mecida por la brisa
En la belleza interior de una gota de lluvia...

  
Contemplo cada atardecer a través de tu mirada
Y me abro cada mañana a la vida ligada a los colores
que tú me enseñaste a respirar.


                        Te siento en cada soplo de aire
                                                            que respiro.



De: Al pie de la Calderona -Poemas para una ausencia- (Oct.08)
Ilustración: Blas Estal



miércoles, 29 de agosto de 2018

Los cuadernos de Uba







Me cuesta caminar
descalza por las aguas
al embate de las olas
en su última batalla

Los pies sumergidos pesan
la arena fría me atrapa
y me esfuerzo:
Un paso, lento,
otro paso, y otro…
hasta recorrer la calle desierta

A lo lejos
en el tiempo:
La sirena
la fábrica y el relevo

En breve
—quién sabe—
tras el último espigón:
La blancura impoluta
de la tapia
            encalada.


-De Los cuadernos de Uba: 12817)


lunes, 2 de julio de 2018

DIVINA SAGUNTO, de íberos a cristianos


Templo de Diana



De vuelta a los Apuntes, aprovecho este de un nuevo y recién estrenado verano para reincorporarme a la tinta tras un breve paréntesis en el tiempo. En esta ocasión no escribiré de fiestas estivales ni de fuegos recientes junto a las orillas de playas y ríos. Tampoco de meigas ni osas celestiales indicando el camino hacia la paz de la noche bajo la atenta mirada de la luna.

Por fin ha llegado el calor, tan temido por unos como deseado por otros. Aquí en mi tierra siempre es igual, húmedo y persistente. El día es para la playa y la tarde noche para… ¿Por qué no para una ruta nocturna por la Sagunto histórica? ¿Y quién mejor que Celia Peris para guiarnos en esa ruta?

Hacia allí dirigimos los pasos, hacia Sagunto, a las ocho de la tarde de este nuevo verano. La cita con nuestra guía turística, Celia, es en la Plaza Mayor. No vamos solos, sino con el grupo de amigos de Acero y Vida. Somos puntuales y tras el correspondiente saludo comenzamos la marcha por las calles empedradas de una ciudad tan cercana como, a veces, desconocida. El calor no nos preocupa, le echamos ganas y abanico. Nuestra primera parada es en El Templo de Diana. Ante el pequeño recinto, frente al muro, nuestra guía y amiga nos pone en antecedentes sobre el peso de la religión en los medios de poder, en unos días en los que nos quedan muy lejos en el tiempo, pero que casi somos capaces de visualizar a través de sus palabras. Nos habla del porqué de la ubicación en este lugar y no en otro. En breve, junto a la iglesia de Santa María, nos muestra la relevancia de esa ubicación. Los dioses son a veces caprichosos y no se conforman con un lugar cualquiera donde ser adorados por sacerdotes y fieles.

Dejando atrás la iglesia de Santa María, uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad, construida sobre la Mezquita Mayor, subimos hasta el Arco de la Judería, Portalet de la Sang. Personalmente he de decir que pararme en este arco me hace sentir bien. Es el espacio saguntino que más me gusta visitar. Nos adentramos en la calle, estrecha y sinuosa, sin salida, con un rincón perfecto donde dejar volar la imaginación. No obstante, los vehículos estacionados en ese rincón mágico y otro que se pone en marcha para abandonar la judería, rompen súbitamente esa magia.

Volvemos sobre nuestros pasos y Celia nos va guiando a través de la historia: el barrio árabe, con sus callejas retorcidas, la importancia que esa sociedad daba al interior de sus hogares restando espacio a las calles. Parada obligatoria frente a La Ceca, situada igualmente sobre un punto estratégico del culto y la política; Portal de Ferrisa…

En nuestro recorrido vamos visitando parajes casi escondidos a la vista del visitante, restos de losas con inscripciones visigodas, restos de muros correspondientes a las distintas puertas de la ciudad amurallada; fragmentos considerables de vía, protegidos ahora por gruesos cristales en los bajos de las fincas…

La ruta ya llega a su fin. En el inicio fue Diana, la diosa; en nuestro final de recorrido es Mitra quien cobra protagonismo. Ahora Celia cede la palabra a Mariachu, otra amiga del grupo. Es ella quien, a la vista de estos últimos restos arqueológicos, nos pone en antecedentes sobre la historia de esta divinidad y comenta las semejanzas que guarda con algunos aspectos del cristianismo.

Sin duda ha sido una tarde-noche veraniega de lo más instructiva gracias a la profesionalidad de nuestra guía. Solo queda descansar los pies tras el recorrido por las calles empedradas y empinadas de la ciudad. La cena nos espera. El Arrels Restaurant nos tiene reservada buena mesa y mejor cena. Y además en un marco incomparable y rodeada de excelentes amigos.

Este será un comienzo de verano del que, no tengo la menor duda, guardaré siempre un grato recuerdo.




Fotografía: Sherpa -Templo de Diana -Sagunto


martes, 15 de mayo de 2018

La otra



Ayer y hoy en Puerto de Sagunto - A y V



A veces acude de nuevo el momento, la angustia. Compruebo que no hago pie, que la arena bajo mis pies se hunde. No hay nadie cerca. Ondea la bandera amarilla pero aun así me he atrevido a bañarme. Hace tanto calor…  Tonta de mí, he creído que si no me alejaba de la orilla podría salir caminando en cuanto me lo propusiera.

La playa está en calma, pero su suelo es traicionero. Primero se hunde mi pie izquierdo. En ese momento me doy cuenta de que me encuentro en dificultades. Antes de que el otro pie avance en busca de un palmo de arena firme en el que mantener el equilibrio, esta cede de nuevo y me hundo un poquito más. No es mucho pero sí lo suficiente para que me embargue la ansiedad. «Malditos hoyos y maldita mi fobia al agua del mar»

Ya tengo dificultad para respirar. El agua no me cubre, pero el miedo ante la llegada de la siguiente ola sigilosa hace que mis vías respiratorias no respondan como es debido. Hay algunos bañistas, pero no se percatan de mi situación. Ellos saben nadar y el color de la bandera que ondea hoy en la posta no les importuna. No es mi caso. Por una cosa o por otra nunca fui a aprender a nadar. Quizá por mis fobias. Ahora pago el precio de esa negligencia. Un precio muy alto. Ya no hay tiempo. Tan solo hay tiempo ya para el silencio. Un silencio que llega deprisa. Un silencio extraño.


***


Cuando todo pasa me encuentro de nuevo en mi casa, con mi marido y mis hijos. No les he dicho nada. Tampoco me han preguntado. Pero observo que mi vida continúa de forma diferente. He tenido que acostumbrarme a compartir a mi familia con otra mujer que es igual a mí. Es ella quien acaricia a mi marido cada noche. Es ella quien celebra cada uno de los logros de mis hijos, y quien recibe las caricias de mi nieto en la peca de la mejilla. Una peca idéntica a la mía.

Los contemplo desde el etéreo de mi cuerpo. Ya no tengo envidias ni traumas. Ya ha pasado todo. No sé cuánto tiempo llevo así. El estado de ingravidez ya no me sorprende. De vez en cuando salgo a la calle y me asomo hasta mi primera calle, «la calle del convento» Allí me uno a la comitiva de niñas que van a misa. Son mis compañeras de colegio. No sé de dónde he sacado mi bata de rayas y mi velo para la misa, pero llevo puestas ambas prendas. A algunas de las niñas las conozco, a otras no. Ellas tampoco reparan en mi presencia. Van a lo suyo, tan etéreas y ligeras como yo.

En la puerta de entrada sorprende ver un aparato de aire acondicionado y algunos vehículos que antes no estaban. Yo no quiero entrar en la iglesia, prefiero adentrarme en el patio interior y visitar las aulas del colegio. Tal vez vea a alguna monja conocida. Me gustaría ver a la madre Mercedes con sus tijeras de corte sacando el dobladillo de las batas de las niñas para que no lleven minifaldas pecaminosas. No obstante, sigo como un autómata a mis compañeras y me introduzco con ellas en la iglesia, bajo el coro.

No recuerdo haber asistido al Oficio. Camino hasta la casa de la esquina, mi primera casa. Por el interior de los porches de la Ciudad Dormida llego hasta Goyohaga. Paso de largo Alcalá Galiano y sin mirar la fachada de mi finca continúo río arriba. Como siempre, con el mar a mi espalda. Busco cobijo al pie de la sierra Calderona y entro en casa. Una casa que cada vez es menos mía. Aquí permanezco en silencio mientras la otra, la que ganó la batalla a los hoyos de la arena bajo el agua de la playa, vive y disfruta la vida junto a mi familia. Una vida que, tal vez, solo tal vez, no le corresponde.



Fotografía: Juanma López García
Primer Premio I Certamen fotográfico del grupo ACERO Y VIDA


sábado, 12 de mayo de 2018

Mi impenetrable sonrisa





MI IMPENETRABLE SONRISA

RUTH SICILIA

Ed. Olelibros  (2018)


Cuando supe de esta obra me sorprendió que su autora, joven, se iniciara en la publicación con su propia biografía. No obstante, y dadas las circunstancias por las que atraviesan muchas mujeres con respecto al acoso y abuso sexual, se hace imprescindible romper silencios.  

A Ruth le ha costado decidirse a alzar la voz, a rebuscar entre sus diarios y recuerdos personales sus propias vivencias y hacernos partícipes de ellas a través de MI IMPENETRABLE SONRISA. Durante muchos años esa sonrisa fue su protección ante los abusos y acoso sufrido por parte de uno de los amigos de la infancia.

El acoso se inicia cuando ella tiene cuatro años, en sus juegos de niños. El escenario: la casa familiar, la cercanía. Son dos niños, pero el chico es más mayor, él tiene nueve años. La manipulación de la niña es muy fácil, mediante el juego; en principio abrazos sin importancia, jugar a ser novios, luego las fricciones disimuladas y los tocamientos.

En un momento de la narración la propia autora se pregunta si su amigo no habrá sido, a su vez, víctima de abusos y por eso no le da importancia al juego. Tal vez él también juega a ser mayor. Pero el tiempo pasa y ese juego se prolonga. La niña sigue siendo niña todavía cuando él ya ha alcanzado, primero la pubertad y después la adolescencia. Ella no desea los abrazos que tanto la agobian, ni los besos de novios a escondidas, ni que se cuele en su cama y exija tocamientos que a ella la perturban. Intuye que no es un juego normal y no desea participar. Ya no quiere ser novia de nadie, quiere ser fea y que no la quieran. Quiere ser gorda y antipática. Aun así, se siente acosada, perseguida cada vez que él está cerca. La familia no se da cuenta y los otros niños tampoco. Y ella, como muchas otras, calla. Teme que no la crean, que la hagan responsable de la situación. Se viste de culpa y sonríe.

Esa culpa y el silencio marcan y acarrean consecuencias; y hay que ser valiente para seguir adelante y hacerte mayor sin que te afecte. Pero a veces se abre el telón de la propia vida y aflora el recuerdo. No hay rencor pero sí preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué los roces y los tocamientos? ¿Por qué durante tanto tiempo? ¿Por qué a mí? ¿Acaso ha sido a alguien más?

Más adelante, cuando Ruth ya es adulta, obtiene respuesta a la última de las preguntas. Mientras tanto, el bolígrafo, los folios y también la obsesión por la comida son sus aliados. Deja pasar la vida, con los amigos, las fiestas, las excursiones a la playa y a los campamentos… y siempre con su impenetrable sonrisa.

Pero ahora Ruth tiene dos hijas y ha llegado el momento de romper silencios. Lo ha hecho con una narración excelente, bien hilvanada, de lectura cómoda. Y lo hace en un momento en el que las calles se llenan de voces gritando contra el acoso, el abuso y las violaciones. Y también, como no podía ser de otra manera, contra sentencias jurídicas incomprensibles.

Por mi parte, finalizada la lectura de MI IMPENETRABLE SONRISA, a mí también me surgen algunas preguntas… Pero esa ya es otra historia que, en algún momento, la propia Ruth me contará personalmente si lo cree conveniente u oportuno.



martes, 17 de abril de 2018

Regalo de vida





Del cajón donde guardaba sus bocetos sacó una cuartilla con dos corazones dibujados. Los dos corazones estaban unidos por una estrella, y mientras los observaba en silencio tomaba conciencia de la confusión en la que estaba sumido.

Hacía ya muchos años que él no se evadía de la rutina de las sábanas dibujando corazones rotos y corazones engalanados. Aquellos eran otros días, unos días grises y eternos en los que consumía grandes dosis de tediosos programas televisivos, amenizados a veces con la visita de algún vecino que, como él, estaba sobrado de horas y falto de días.

Dejó de dibujar corazones cuando en una cálida mañana de primavera, al abrir las ventanas de su habitación de par en par, observó fascinado cómo los rayos del sol penetraban en los rincones más profundos de su inconsciencia.

Fue para él, según dibujó más tarde, un estallido de luz dentro de su pecho. Fue, aquel suave y recién estrenado latido, la mejor y jamás escrita sinfonía. Fue su «regalo de vida», un regalo por el que muchas almas derramaron gotas de sal por sus mejillas en aquella mañana de primavera.

Era tanta la dicha que circulaba por sus venas que danzó y danzó sin parar, y en medio de aquella danza se desprendieron de su paleta de pintura los colores más preciados, y de aquellos pinceles que con tanta dulzura habían trazado durante tanto tiempo los contornos de aquellos corazones rotos y aquellos corazones engalanados, se desprendió también la realidad.

Ahora, cercano ya el último baile, no recordaba dónde había colocado sus dibujos, ni dónde guardaba su «regalo de vida». Confuso y aturdido por tanta danza, donde le quedaba algo de amor él sólo encontró traición, y cuando se decidió a abrir de par en par sus ventanas, en vez de los rayos del sol, contempló con resignada expresión cómo la mañana gris le sonreía invitándole a la última copa mientras arropaba su silueta frágil y descarnada.
  


De: AL PIE DE LA CALDERONA - Poemas para una ausencia - (Abril, 2008)

 Fotografía: Ismael Murria -amanecer desde Alcalá Galiano-