miércoles, 22 de julio de 2015

Episodios Cotidianos III




Arriba, cubriendo el cielo, solo humo,
abajo, solo hombres que caminan.
Sus miradas perdidas

Sus trajes de faena son azules
—No, no son trajes…—
Solo unos pocos hablan,
a voces.

«Carne de cuartelillo»
Los llaman aquellos que visten de verde.


 
De: Episodios Cotidianos (LEH)
 
Imagen tomada de: fcvsagunto.wordpress.com/2015/07/22/la-
- Antiguos Altos Hornos de Vizcaya -

martes, 21 de julio de 2015

Ya pasó la sombra



 

Ya está…
Ya pasó la sombra
y las cosas vuelven a estar en su lugar.

 
Ya la incertidumbre desapareció
por la primera de las esquinas
y vuelvo a mirarte con luz en los ojos,

 
de nuevo brilla tu voz y escribo mis versos.

 
La música me alcanza
y el aire huele a jazmín
cuando, en la noche,
te observo a mi lado,
mirando las estrellas desde la terraza,
en tu silencio
cómplice de mi propio silencio.

 
Ya espero preparada tu regreso en las tardes,
con la certeza de una prórroga,
con la sensación de haber superado
un nuevo peldaño…

 
con la gratitud por seguir a tu lado.


Imagen: LEH

martes, 7 de julio de 2015

Episodios cotidianos I

 
 



Con paso impreciso

me asomo hasta la casa de la esquina

–Huele a carburo–

Dos hombres retuercen las formas.

Se escucha el martillo en el yunque…

 

La fragua aguarda.
 
 
 
De: Episodios cotidianos
Imagen: Blas Estal - «Génesis de Puerto Sagunto»

domingo, 28 de junio de 2015

En la sobremesa




 
 

Es la hora de la sobremesa. Mi sofá de color naranja reclama la pesadez de mi cuerpo que, con suprema rebeldía, se resiste a ser más ligero. Yo, con la voluntad mucho más dócil que el cuerpo, accedo de buena gana y me acomodo dispuesta a relajarme un ratito

Como es habitual, en la mano llevo mi bolígrafo de gel azul; se ha convertido en un dedo más que viene a sumarse a los diez con los que nací. Hace mucho tiempo que dejó de ser un intruso. Incluso mucho antes de que el otro, el pitillo, desapareciera llevándose con él la tintura amarillenta.  

De reojo observo el bloc que, sobre la mesilla del salón, comparte tapete y orquídea con las fotografías orladas de mis queridos hijo e hija; ambos desconocidos en su posado; los dos, mirándome a través del cristal y del tiempo.

Frente a mi ventana la copa frondosa del árbol más grande de la plaza se mece suavemente, invitándome coquetamente a que deleite mi vista contemplando sus tonalidades verdes. Por el balcón entreabierto el trino de los pajarillos se introduce en la estancia y se funde con el dulce sonido de Ernesto Cortázar que expulsa, a bajo volumen, el reproductor.

El resto es silencio en esta hora de la tarde que incita a la siesta. Pero yo no me dejo seducir por la sugerencia; no, mientras conserve mi bolígrafo en la mano y el bloc con sus páginas en blanco sobre la mesa, entre los rostros de mis adorados hijos.

Y así, dejándome llevar por las voces de los pajarillos y la dulzura de Cortázar, me entrego a la gratificante tarea de la escritura.

Mañana es San Juan, y esta noche el fuego iluminará de nuevo las arenas de la playa. La percusión de la tamborrada se dejará oír sobre la borda de los barquitos que, pendientes ya de la magia del solsticio, se dan cita en el puerto Siles. Son las embarcaciones de recreo que permanecen ajenas a esos otros barcos, grandes mercantes que, guiados por el resplandor de una luna llena que planea sobre las aguas, hacen su entrada por la bocana del otro puerto, quizá menos sugerente; tal vez, un poco más sabio.

Mientras acomodo mis piernas y mi espalda, recuerdo el paseo de la mañana, cuando, tras dejar atrás las montañas he llegado hasta mi Puerto. He dejado que mis pies decidieran el rumbo, y me he encontrado con paso relajado por calles que me transmiten olor a infancia. Desde la Tenencia de Alcaldía, por Pablo Iglesias hasta la plaza Rodrigo, desconocida en su aspecto pero imperturbable en su aroma. Me he detenido más de lo preciso, con los ojos cerrados y los recuerdos abiertos, en el lugar que ocupara en su día el viejo quiosco. «Huele a verano, y huele a madre…» ¡Qué cerca la he sentido! Tanto, que he proseguido la ruta hasta mi primera calle, la del convento. El sol daba de lleno en la acera bordeada de casas bajas. Son las mismas de siempre pero con distintos inquilinos, a excepción de un par de casas. Hacia la última, la de la esquina, he llegado a remolque de recuerdos. La casa del tío Chato sigue siendo, a día de hoy, la casa de los nietos del tío Chato. He llamado al timbre repetidas veces, pero solo la ausencia me ha respondido y he resuelto desandar el camino; esta vez, por la acera contraria, en busca de un poco de sombra. El convento no me ha merecido mayor atención; también sigue ahí: la misma puerta de la iglesia, los mismos vitrales, el mismo campanario… Sin embargo, nada aporta a mi ánimo; carece de magia, de voz que me hable o me cante. Tan solo lutos me sugiere.

Continúo siguiendo la estela del olor del mar de verano, ese olor viejo, arrastrado, quién sabe, si por la última ola rezagada. El suelo llano, bajo el asfalto de la antigua Ruiz de Alda, acoge de nuevo mi caminar relajado; tan relajado que dejo, conscientemente, que mi autobús pase de largo. Fijo mi atención en la pulcritud de las aceras a ambos lados de la calle, limpiadas a primera hora de la mañana por sus vecinas. Echo de menos las puertas abiertas y el olor de la comida en la cocina dejando escapar sus vapores a través de las ventanas. Tampoco hay ningún anciano sentado en su silla baja de anea, sobre la acera, con la mirada puesta en un horizonte lejano; y no hay niños pequeños con triciclos ni niñas en el bordillo coloreando sus muñecas y casitas de papel con los colores Alpino. Pero yo, que de vez en cuando soy pródiga en imaginación, los he dibujado en la escena y he sonreído.

Expuesta como estaba a viejas sensaciones he seguido hasta el mercado pero no sin antes hacer una parada obligatoria en la casa que me vio nacer, en la calle Andalucía. Unos minutos para un saludo y unas risas con los restos de  una generación próxima a extinguirse, y luego, con alma de niña, otra vez a caminar. Mi cita era con el mercado, con el de siempre, ese que alberga entre sus paradas la de salazones, y que siempre me estimula el apetito al recordar los bocadillos de atún con aceitunas que preparaban para los alumnos del colegio vecino. Las otras paradas continúan igualmente en su lugar; tras el mostrador, otros son los rostros que atienden al público, aunque en alguno de ellos reconozco a sus predecesores.

Alguien, desde el cafetal instalado en el interior del recinto, llama mi atención con un gesto de su mano. Es una prima a la que hace años que no veo. «¿Qué haces por este pueblo?» me pregunta, a lo que yo únicamente respondo con un «pasaba por aquí». Dirigiéndose a la amiga que la acompaña le dice que soy la hija de su prima. Para mi sorpresa, esta le responde que ya se ha dado cuenta, pues soy el vivo retrato de mi madre. Ante esa observación me siento tan honrada como, en cierto modo, decepcionada, porque a mis ojos mi madre siempre fue mayor, y yo, frente al espejo, cuando me miro siempre soy más joven de lo que era ella. Tal vez debería mirarme menos y observarme más. «En realidad, es que yo soy más bien de escucharme que de observarme», acabo por decirme a mí misma.

Esta alusión a mi madre me ha devuelto a la realidad y, pensando en que ya había perdido mi autobús, he abandonado el mercado camino de una alameda que ya no reconozco como mía. La visión de unos cines y los juegos infantiles al final del recinto del paseo, unidos a los primeros síntomas de calor de este verano recién estrenado, han precipitado mis pasos hacia la parada de taxis en la plaza De los coches. De repente me han entrado prisas por llegar a casa cuanto antes y prepararme una buena ensalada elaborada con deliciosos bocados de atún y aceitunas de distinta variedad, recién adquiridos en el puesto del olivero.

 

El reloj de la iglesia del pueblo me indica que es hora de espabilar.  Los pajarillos han enmudecido al igual que Cortázar, y ya cierro mi cuaderno y escondo la punta de mi boli de gel azul. Es hora de recoger la vajilla, y mientras me desperezo, el recuerdo de mi madre ha dado paso al de mi padre. Con gran cariño recuerdo sus palabras —apagadas hace ya muchos años— y miro a los rostros orlados de mis hijos que permanecen estáticos tras el cristal de sus respectivos portarretratos, junto a la orquídea. «Con diez perricas un chavo, y con diez chavos la pesetica» les digo evocando una vieja escena en la que no había euros, ni crisis…, tan solo un mercado, una alameda, unas calles que eran de tierra y un padre que canturreaba… mientras forjaba los hierros en la fragua.
 
 
Imagen: El tío Ángel, de espaldas por la Plaza Picasso -LEH- 2015.
 

viernes, 26 de junio de 2015

Mujeres sobre el lienzo - II


J



Para la libertad de este cuerpo de mujer
que es mi cuerpo
ansío de ése, tu cuerpo de hombre,
la razón que engendre la ternura
y aleje de tus manos la violencia,
y de mis ojos el llanto.


De: Mujeres sobre el lienzo -LEH-
Pintura de: Rosa Vacas.

miércoles, 17 de junio de 2015

LA GIOCONDA LLORA DE MADRUGADA






LA GIOCONDA LLORA DE MADRUGADA
ELVIRA DAUDET
Foca Ediciones - 2006


Hace unos pocos meses, cuando seleccionaba los poemas para la cita poética que mensualmente llevamos a cabo un grupo de amigas, me di cuenta, una vez más, del silencio con el que se ha regalado a las mujeres poetas de nuestro país hasta bien avanzado el siglo XX. Coincidía aquel encuentro con el 14 de Abril, y mi idea era llevar a la cita poemas de mujeres republicanas que sufrieron las represalias y posterior exilio. En los libros y apuntes que tengo por casa no vi muchas referencias. Si acaso, alguna esposa de poetas españoles hoy conocidos internacionalmente. En la mayoría de los listados y libros de texto ni tan siquiera se aludía a éstas. Entonces lancé la pregunta: ¿Es que durante la guerra las mujeres republicanas solamente se dedicaban a hacer balas y lavar la ropa de los soldados? ¿No escribían ellas en las trincheras como lo hacían sus camaradas escritores?

Mis contactos —femeninos— enseguida me pusieron al corriente de unas cuantas poetisas que, si no silenciadas, sí han pasado desapercibidas para muchos libreros. Entre una amiga y yo nos pusimos a buscar en las librerías del municipio y no encontramos nada acerca de estas mujeres. Elvira Daudet es una de ellas. Por suerte, las nuevas tecnologías tienen no pocas ventajas, y con solo poner un nombre en el buscador te encuentras con mucha y variada información acerca del mismo.

Así fue como llegué hasta los poemas de la autora que hoy comento. Primero por su blog y después por otros enlaces a revistas, entre ellos el de la que publica mi amiga Patricia Pérez: El Ballet de las Palabras. Y desde entonces sus versos cuentan con un pequeño espacio de tiempo en las reuniones con mi grupo de lectura poética.

En el momento de redactar esta nota tengo junto a mí, en la mesa del escritorio, la última publicación de Elvira. La he recibido hace apenas una hora. Hube de pedirla directamente a la editorial porque en mi librería de siempre no fueron capaces de dar con ella. Ignoro el porqué, ya que se les dio el nombre de la editorial a la que había que pedirla. Según me dijeron, no pudieron encontrar la antología, pero sí dos de sus novelas. Yo me decanté por LA GIOCONDA LLORA DE MADRUGADA. Una historia de amor, de desarraigo en una tierra extraña, de celos y de maltrato, donde el arte juega un importante papel.

El título nos viene dado por la sensación experimentada por Soledad, la protagonista, cuando sus ojos se cruzan por vez primera con la mirada de la Gioconda. Fue en París, adonde su padre, anarquista, la envía como pupila de unos amigos para salvarla de la miseria sufrida en la España de posguerra, y quizá para evitarle la escena de su propia muerte, unos meses más tarde.

El exilio impuesto por el padre y la sensación de aislamiento que la orfandad le produce en un país ajeno, se ven compensados, de alguna manera, con su descubrimiento de la cultura: «Voltaire, Daudet, Anatolle France, Cervantes, san Juan de la Cruz…» Allí, en compañía del anciano matrimonio a quien el padre la encomienda, toma su primer contacto con los grandes pensadores del momento. Conoce, de la mano de su maestro de dibujo, a los pintores consagrados, al tiempo que va perfeccionando sus técnicas y adquiriendo su trazo personal. Sin embargo, será a través de la música cuando con más pasión sacará de sí misma la fuerza que imprime a las telas.

A través de la música descubre también el amor. Ambos, arte y amor, serán su mundo desde que conoce a Christian, gran pianista, directamente relacionado con la élite cultural de París. Por él ríe, sueña, se siente grande y también pequeña. Él es quien mueve los hilos de su existencia. Es quien decide a quién debe ver y a quién no, a quién debe escuchar… la juventud y la soledad de la joven no le permiten percatarse de que se encuentra en el interior de un círculo que se estrecha alrededor de su enamorado; una gran estrechez que la va oprimiendo, que la va anulando y, finalmente, golpeando y desmembrando en lo más profundo de sus sueños.

No es fácil ser valiente cuando no se tiene a quién recurrir ni un lugar en el que refugiarse, y además su amor por él sigue intacto a pesar de la evolución sufrida. Serán de nuevo las artes quienes romperán el cerco y proporcionarán el vuelo hacia la libertad. Otra vez de la mano de los grandes, en un entorno tan romántico como el París de sus descubrimientos, igualmente rico en sus paisajes y en su historia, en sus artistas y monumentos, en la cercanía de sus gentes…

Conocía la poesía de Elvira Daudet pero no su narrativa. Personalmente me ha dejado muy buen sabor de lectura su forma de contar y transmitir. El modo en que describe el entorno aprovechando, de paso, la ocasión para evocar a lo largo del relato a la bohemia…, llevándonos de la mano a una época en la que aquí se caminaba con la cabeza gacha y el rosario en la mano, mientras en el país vecino las vanguardias ganaban terreno y rompían moldes.

Asomarse al arte y a la cultura a través de las páginas de LA GIOCONDA LLORA DE MADRUGADA es como abrir una ventana permitiendo la entrada del aire fresco. Y es también la visión, desde la primera fila de butacas, de la manipulación y anulación de la mujer por los celos, el alcohol y la bajada del telón cuando finaliza la función de una historia tan triste como esperanzadora.

 

Lola Estal, para HABLANDO DE LIBROS

lunes, 15 de junio de 2015

AFACAM -UNIDAD DE RESPIRO-



 
 

Hace unos pocos años tuve el placer de visitar la Unidad de Respiro del centro de AFACAM. Fui allí con un compañero con el fin de realizar una entrevista para la revista AMARANTO CULTURAL, en la que colaboraba. Mariví García, Carmen Pitarch y Josep Aparici, —presidente, psicóloga y trabajador social respectivamente, en aquel momento—, se pusieron inmediatamente a nuestra disposición para responder a nuestras preguntas: «El cómo y el cuándo comenzó a funcionar el centro, recursos con los que contaban, tanto de personal como económico, número de usuarios que lo componían, disposición de los familiares a colaborar… Pero, sobre todo una palabra, una patología, se alzaba con el protagonismo de nuestra conversación: «Alzheimer».

Desde aquel día han pasado alrededor de cinco años, y la Unidad de Respiro de AFACAM ha crecido, como también han crecido sus componentes, de los que algunos, y puedo afirmar sin riesgo a equivocarme, lo han hecho de forma extraordinaria en cuanto a enriquecimiento personal y no precisamente económico.

Efectivamente, el Centro que hoy visito de forma esporádica, dista bastante de aquel que entrevistara en una cálida mañana de primavera. Hoy nuevas preguntas me surgen que, sin ningún tipo de apuro o reparo, formulo a Carmen Pitarch. Y de nuevo, ella se presta muy amablemente a responderlas:

 

P: Cuando de vez en cuando me acerco a haceros una visita, observo que hay usuarios cuyas reacciones no parecen estar relacionadas con la enfermedad de Alzhéimer. ¿Qué ha cambiado? ¿Se ha abierto el centro a diferentes patologías?

R: Si, desde marzo de 2014 AFACAM pasó a atender a personas con Alzheimer y otras demencias. Observamos en las entrevistas de demanda de información que cada vez acudían más familias con diferentes enfermedades o que les costaba que les dieran un diagnóstico preciso de Alzhéimer, pero que seguían necesitando de nuestra ayuda. Por lo que decidimos ser más flexibles en este aspecto para poder dar un servicio que se nos demandaba. Actualmente contamos con usuarios con diferentes diagnósticos como: Párkinson, ictus, demencia senil, etc. Lo importante no es el nombre que le pongamos sino el estado en que se encuentren estas personas. Siempre teniendo en cuenta que estén en etapas iniciales o moderadas, en las que todavía podamos intervenir y que no padezcan alteraciones conductuales que interfieran en el buen funcionamiento del grupo.

P: En referencia a estas enfermedades, ¿cuándo es el momento en que debemos traer a estos pacientes a AFACAM? ¿Ha de ser a sugerencia del médico que trata al paciente, o podemos los familiares decidir traerlo por nuestra cuenta?

R: Ambas opciones son correctas.  De hecho nos llegan usuarios por ambas vías. Los familiares pueden informarse llamándonos por teléfono o concertando una cita y les explicamos cuáles son los servicios que ofrecemos. Cada vez tenemos más derivaciones de los médicos especialistas, de trabajadores sociales o de familias que nos conocen y ven que este servicio puede serle útil a su paciente.

P: ¿Es compatible la convivencia por unas horas entre ambos tipos de usuarios? Es decir, ¿repercute en el estado de ánimo de una persona que permanece completamente orientada, el hecho de no poder comunicarse como desea con el compañero que tiene al lado?¿Merma de alguna manera su capacidad de adaptación al centro?

R: En este momento tenemos usuarios conviviendo con personas con diferentes tipos de demencias o enfermedades y no ha surgido ningún problema. Realmente no importa la patología en sí que padezca cada persona, siempre tenemos en cuenta el bienestar de los usuarios y para ello los agrupamos según su nivel de deterioro para que ellos se sienta a gusto y puedan mantener una comunicación adecuada con su compañero.

P: ¿Vienen todos en el mismo horario?

R: Nuestro horario anterior era de tardes, excepto viernes y víspera de fiesta que era de mañanas, esto creaba desorientación en los usuarios que continuamente preguntaban cuándo era de mañanas o de tardes. Lo que necesitan este tipo de personas es rutina. Teniendo en cuenta este hecho y que la demanda iba creciendo, se pensó en aumentar el horario y en septiembre del año pasado dimos el paso, creando dos turnos de trabajo, uno de mañanas que atiende de 9:30 a 13:30h y otro de tardes de 15:30 a 19:30h. De este modo las familias pueden elegir el turno que mejor se acomode a sus necesidades, y nuestra capacidad de atención se duplica. Pensamos que podemos atender veinticinco personas de mañana y otras veinticinco de tarde. Actualmente contamos con catorce de mañanas y quince de tardes, por lo que todavía tenemos plazas libres.

P: Eso implica un mayor volumen de trabajo. ¿Contáis con más recursos?

R: Al aumentar el número de usuarios también se ha ampliado el número de trabajadores, recientemente hemos contratado a otra Auxiliar de Enfermería. Y contamos con la ayuda de voluntarios. Periódicamente realizamos un curso de formación de voluntariado.

P: Supongo que no todas las necesidades del centro se encuentran cubiertas. ¿Habéis notado que con el momento de crisis os han fallado las subvenciones por parte de las instituciones o particulares? ¿Se han dado socios de baja?

R: Las subvenciones llegan de las mismas instituciones de siempre, eso sí,  sin incremento con el paso de los años, y algunas de ellas no se suelen pagar en el año en curso sino con retraso, lo que dificulta los pagos que tiene que realizar la asociación. Respecto a los socios, si bien es cierto que tenemos algunas bajas también tenemos altas de los nuevos usuarios y sus familiares, así como de personas solidarias que con su aportación nos ayudan a seguir adelante con este proyecto.

P: Cuéntame, así, a grandes rasgos, ¿qué es aquello que te haría ilusión para el centro? ¿Algún proyecto que te gustaría llevar adelante de cara a una mejor atención terapéutica a los usuarios?

R: Nuestro siguiente paso sería poder contar con los servicios de un fisioterapeuta. Para ello tendríamos que conseguir financiación mediante una subvención que pudiera hacerse cargo de este gasto. Este profesional podría dirigir la estimulación física tanto a nivel grupal como individual, teniendo en cuenta las característica personales de cada usuario, sus limitaciones, patologías diversas, intervenciones, etc.

Como novedad, te comento que este mes hemos empezado una nueva ruta recogiendo a un señor en Quart de les Valls y esperamos poder ampliar y contar con más usuarios de Los Valles.

 

Personalmente he podido comprobar en más de una ocasión que, usuarios, familiares de usuarios, directiva de la asociación con su presidente a la cabeza, empleados, voluntarios y demás personas que se acercan a colaborar altruistamente aunque de forma esporádica, forman una gran familia, «la familia AFACAM». Y es por eso que cuando alguno de los miembros usuarios deja su puesto vacío, al igual que en cualquier familia, algo se rompe en la Unidad de Respiro. Se siente la ausencia y se duele…, y también, cómo no, se recuerda con cariño.

Por tanto, se hace precisa la continuidad de vuestra tarea al frente de la asociación. De la misma manera, preciso se hace también hoy, mi deseo de hacer pública mediante vuestra revista anual  esta charla que tan gratamente hemos compartido.

Una vez más, gracias por la información.

-L. Estal-
 
 
Entrevista extraída de la publicación nº 9, -Abril 2015- que la Asociación de Familiares de Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras demencias del Camp de Morvedre y Puzol (AFACAM) edita anualmente.
 
Imagen: Desde El Barrac dels Merles - La Calderona