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lunes, 9 de noviembre de 2020

Los amigos cuentan... A. Marín albalate





Con un poco de demora, debido a esas cosas extrañas que a veces se cruzan cuando intentamos leer los mensajes de msn en nuestros dispositivos móviles, recupero esta conversación con el amigo escritor y poeta Antonio Marín Albalate.

Aunque a destiempo, merece la pena recordarla y, cómo no, compartirla.

Como al resto de mis amigos compañeros de letras, le pregunté por su primer día de confinamiento. Él, se adelantó a la obligación de quedarse en casa y lo hizo desde el día 6 de marzo. No se marcó ninguna ruta especial para sus tareas, sino que, para no aburrirse, procuraba improvisar. Tampoco seguía las noticias para no deprimirse demasiado, si acaso algunas noticias «serias» vía internet.

Como muchos de nosotros, tuvo momentos en los que se venía abajo, pero de la misma manera comprendió que ese bajón no le llevaba a ningún sitio. Se lo tomó con calma y dejó pasar los días a la espera de la desescalada, sin horarios establecidos; cuando se nos permitió salir alternó los paseos de tres cuartos de hora con las tareas ante el ordenador, sobre todo la habitual de la escritura, pero sin tocar en ningún momento el tema «pandemia»

«Marín Albalate tampoco para», pensé. Hacía mucho tiempo que no hablábamos, pero yo estaba más o menos al tanto de sus proyectos, aunque eran noticias vagas. Por eso, durante estos últimos días decidí que ya era hora de enviarle uno de esos mensajes privados que, como me confirmó, le pasan desapercibidos.  Esta vez hubo suerte y me leyó.

De esta forma me ha puesto al día sobre aquellos trabajos a los que ha dedicado su tiempo durante los últimos años, y que espero tener ocasión de leer próximamente.

Su obra es muy extensa y va un paso más allá del poema, del propio y del ajeno. Entre sus últimas publicaciones, las dedicadas a Leopoldo María Panero, Patxi Andión, Ramoncín, Germán Coppini, Serrat… La música cuenta ya con sus letras de la mano de Antonio Fidel y Los Navegantes

Me confiesa que últimamente no hace mucha poesía. Está dedicando tiempo a escribir ensayo musical: Manolo Tena, Leonard Cohen, Demis Roussos, de nuevo Serrat. Según me cuenta, este nuevo género le sirve como terapia para no subirse por las paredes. Yo sonrío ante su expresión. Sin duda para algunos de nosotros la escritura es la mejor medicina para evadirnos de los momentos como el que estamos viviendo desde hace meses.

Yo tenía previsto que alguno de los libros de los que me habla me los entregara él personalmente, en la pasada primavera, con ocasión de mi viaje a Cartagena para presentar allí mi último poemario, prologado por él.

No pudo ser, las circunstancias lo impidieron y siguen impidiéndolo en el momento de escribir esta entrada en el blog. Pero será… No tengo la menor duda de que, tarde o temprano, ese encuentro y ese abrazo se llevarán a cabo. De momento me detengo ante su poesía y tomo ese poemario mínimo, esa plaquette, que lleva por título OPÚSCULO, y que me dice tanto en tan poco espacio…

 

Cae una lluvia muy triste

Densa y amarga como los ojos de tu madre

Brillando en la oscuridad de un cuarto cerrado

 

Sí.

Cae una lluvia muy triste.

 

Parece que fuera otoño en toda la tierra,

Hija mía.

 


lunes, 14 de septiembre de 2020

BONSÁI - MARCIAL YUSTE





Mi interlocutor es Marcial Yuste Blasco. Lo conozco desde que era un niño de apenas ocho años. No me era ajeno su temprano interés por las aves y su apuesta por la naturaleza. A medida que fue haciéndose mayor fuimos perdiendo el contacto, salvo encuentros esporádicos por cuestiones familiares.
Hoy, por estas cosas de las redes sociales —que a veces me aportan gratas sorpresas— lo he vuelto a encontrar. Su vocación y su trabajo no están centrados en la ornitología, como yo pensé que sería, pero sí muy vinculados a la conservación del medio ambiente: «Geografía física y ordenamiento de territorio», dice su perfil académico; y añade, al profesional, toda una gama dirigida por y hacia el mundo del Bonsái.
Y yo, como ignoro todo lo relacionado con estos arbolitos, pero intuyo que su cuidado trasciende más allá del cuidado habitual de cualquier planta, y como además soy preguntona, aprovecho que me he encontrado de nuevo con Marcial y, tras el saludo de rigor, comenzamos nuestra charla.

Si busco la definición de Bonsái en el diccionario de la RAE observo que me ofrece dos respuestas, y finaliza con una tercera indicación: «Bon=tiesto y Sai=plantar»
Muy simple ¿no?, esto «de tiesto y plantar». Una definición muy humilde para un arbolito tan bello. ¿O acaso no es un árbol?
En realidad, genéticamente no se diferencia en nada de cualquier otro árbol de la naturaleza. De hecho, si los dejáramos crecer acabarían adquiriendo el tamaño de sus congéneres silvestres. Y, bueno, la definición literal de bonsái sí es la que aparece en el diccionario de la RAE, pero esa es una definición muy simplista. Bonsái es muchas cosas. Primero, bonsái no es solo un árbol en una maceta. Además, se ha de buscar su belleza y para eso se debe trabajar su componente estética, es decir, al final acaba siendo una obra de arte donde el artista que lo diseña utiliza la naturaleza y las formas que observa en ella como fuente de inspiración, para llevarlas un paso más allá, buscando idealizarlas. Así es como se diseña un buen bonsái.
Entiendo entonces que es un árbol, una técnica, un modo de filosofía, una disciplina artística…
Bueno, esto no acaba aquí. Este noble arte se originó en China y luego llegó a Japón donde se perfeccionó. Allí los Maestros de bonsái dedican toda su vida en cuerpo y alma al cuidado y formación de estos pequeños árboles en miniatura, que recuerdan a pequeña escala a sus hermanos que crecen en el medio natural. Es un arte Zen muy relacionado con esta filosofía de vida, y las personas que lo profesan generalmente son grandes amantes de la naturaleza.
En Japón el arte del bonsái es ancestral y los maestros enseñan a sus aprendices todas las técnicas necesarias para mantener en perfecto estado de salud un árbol cultivado en un tiesto. Además, hay que dominar un sinfín de técnicas para poder mantener el árbol con unas reducidas y proporcionadas dimensiones sin afectar a su salud y vigor. La enseñanza en Japón de este arte, que en origen procede de los samuráis, es muy estricta, teniendo que trabajar los aprendices prácticamente todos los días durante al menos cinco años para alcanzar su maestría.
Los que nos dedicamos al mundo del bonsái generalmente somos personas que tenemos una gran sensibilidad por la naturaleza y necesitamos estar conectados y rodeados de ella. En Japón hasta la religión está muy influenciada por la naturaleza y, de hecho, los Kami son dioses que residen en la mayoría de seres vivos que habitan el medio natural, incluidos los árboles.
Allí, en Japón, el arte del bonsái sigue un método de aprendizaje muy férreo y disciplinado que recuerda a los gremios de artesanos de la antigüedad, en los que el maestro enseñaba el oficio al aprendiz a base de gran sacrificio. Hoy en día hay muchos alumnos de muchas partes de occidente que viajan a aquel país para aprender de la mano de grandes maestros esta disciplina, que ya empieza a considerarse universal y símbolo de paz.
¿Cuándo y cómo llegas a tomar contacto con este mundo?
Mi pasión por la naturaleza desde pequeño, mi gran interés por la cultura exótica oriental e incluso la forma de pensar de los orientales, con la que me identifico plenamente y en especial con la de los japoneses muy conectados con la madre naturaleza, es lo que despertó en mí mi pasión por el bonsái. Un día, comprando en un centro de jardinería, pasé por delante de la sección de arbolitos en maceta etiquetados como «bonsái», y acabé comprando un pino y un olivo de unos cincuenta euros cada uno. Con mi inicial ignorancia del tipo de cuidados y cultivo que debía proporcionarles, acabaron muriendo. Este percance actuó como revulsivo, pues al día siguiente empecé a buscar cuanta información encontré sobre cómo cuidar y cultivar un bonsái, y desde entonces no he parado de estudiar y aprender hasta el día de hoy.
Viendo el camino que he recorrido con más de quince años de afición, echo la vista atrás y soy consciente de lo mucho que todavía me queda por aprender de este arte inabarcable, en el que una sola vida no es suficiente tiempo para estudiarlo todo.
Es muy interesante todo esto que me cuentas, pero ¿hay quizá otra finalidad o función del bonsái? ¿Decorativa, medioambiental, como relajación en su cultivo y cuidado…?
El bonsái tiene muchas utilidades, desde decorativas, como terapéuticas y relajantes, así como de creatividad y superación. Aunque, en definitiva, detrás de todo ello hay un gran amor y pasión por los árboles y la naturaleza. Si no ¿cómo se explicaría la gran dedicación que destinamos a nuestros bonsáis, con incontables horas de cuidados y trabajos hasta alcanzar su etapa de madurez? Recordar también que un bonsái nunca se termina. De hecho, a un bonsái se le dispensan tantos cuidados y atención que, si todo va bien, acaba viviendo más que nosotros. En Japón hay árboles que han pasado de generación en generación, y a día de hoy siguen entre nosotros.
Es interesante remarcar aquí que algunos bonsáis en Japón llevan cultivándose en maceta más de quinientos años, y entre ellos hay un Pino Blanco Japonés (Pinus pentaphylla), que sobrevivió a la bomba atómica, y los japoneses en un gesto digno de admirar se lo regalaron a los americanos en recuerdo de lo que no se debería volver a repetir jamás.
¿Cuál es el proceso en la formación de un arbolito?
Es un proceso muy complejo y que requiere un largo camino de aprendizaje, que en primera instancia ha de pasar por ser capaz de realizar un buen cultivo de un árbol en una maceta y aplicar un sinfín de técnicas de forma correcta para no debilitar el árbol y conseguir mantenerlo en unas proporciones ideales, según las reglas y normas que rigen el arte del bonsái. Explicarlas sería eterno y no tendrían cabida en un solo libro.
¿No da la impresión de estar jugando a los dioses cuando se intenta paralizar el desarrollo de estos arbolillos?
El hombre en todas sus acciones interviene modificando la naturaleza, ¿o acaso la agricultura no modifica las especies para hacerlas más productivas? Y no por eso vamos a renunciar a la agricultura o la ganadería, base de nuestra alimentación. Ya he comentado que genéticamente no se diferencian en nada de sus congéneres de la naturaleza. Y bueno, los árboles en la naturaleza crecen porque en el medio natural todas las especies y todos los individuos están en continua competencia, buscando hacerse un sitio y conseguir los recursos necesarios para sobrevivir.
En el caso de los árboles esa supervivencia pasa necesariamente por crecer más que los árboles de su alrededor para conseguir más luz, más agua y más nutrientes, que determinará que puedan sobrevivir o no. En nuestro caso nosotros nos preocupamos a diario de proporcionar a nuestros bonsáis todo lo que necesitan, por lo que en esa situación los árboles no precisan crecer y hacerse grandes para evitar la competencia con sus congéneres, por lo que, de esa manera, un bonsái puede estar en perfecto estado de salud y alcanzar su plenitud sin necesidad de hacerse grande, ya que de igual manera conseguirá toda la luz, agua y nutrientes que nosotros le proporcionaremos. Se ha demostrado que incluso algunos bonsáis llegan a vivir más que sus congéneres en la naturaleza. Evitamos que les ataquen las plagas, que enfermen, les proporcionamos todo lo que necesitan, así que, aunque no hablan -a nuestra manera, porque se comunican de distinta forma- creo que si les preguntáramos nos dirían que como bonsáis viven muy bien. Y, bueno, hay personas que piensan que este arte es como una tortura, que nos pasamos el día podando los árboles. A estas personas yo les diría que pensaran un poco antes sus palabras. En la naturaleza todas las ramas de un árbol están compitiendo por alcanzar la luz y muchas que ocupan posiciones menos favorables se van debilitando y acaban muriendo. Es decir, el árbol prescinde de ellas y solo se queda con las que le proporcionan más energía, así que hasta el propio árbol hace una especie de poda continua y selectiva, desechando todas las ramas que le suponen una carga.
Nosotros, mediante un sinfín de técnicas que utilizamos de forma precisa y adecuada, lo que tratamos de conseguir es mantener todas esas ramas necesarias para ejecutar su diseño en perfecto estado de salud, evitando a toda costa que el árbol comience a debilitarlas, porque él continúa creciendo y las ramas bajas e interiores acabarían, si dejáramos el árbol que creciera libre, debilitándose y muriendo. Y bueno, respecto a lo de jugar a dioses, quizá algo sí, o más bien yo diría «maestros de la naturaleza».
¿Cuánto tiempo se tarda en crear uno?
Pues es bastante variable pero no menos de cinco años, y normalmente diez o más. Aunque, como ya te dije, un bonsái nunca se termina, él continúa creciendo por lo que, si lo descuidamos, al final tratará de convertirse en un árbol normal.
¿Es asequible económicamente?
Variará dependiendo del tipo de árbol que busquemos y de su calidad. Hay bonsáis desde poco menos de cien euros, y otros que se han llegado a vender por más de un millón.
¿Es fácil adquirirlos?
Dependiendo del nivel de bonsái que busquemos será más o menos fácil dar con él. De todas formas, hoy en día hay mucha oferta y de muy diversos precios. En los centros de jardinería puedes encontrar arbolitos en maceta de cinco, diez o quince años, en los que en su etiqueta reza «bonsái». Pero como ya he dicho, «bonsái» es más que un árbol en maceta, por lo que quizá ese nombre a esos ejemplares les quede un poco grande. Aunque ese material si se sabe trabajar bien, con tiempo, dedicación, conocimientos y técnicas, al final puede convertirse en un bonsái digno. Si lo que queremos es partir de árboles con potencial para ser trabajados como bonsái, tendremos que ir a parar a tiendas especializadas, en las que ya los precios serán más altos, pues ese material cuesta más de encontrar y eso lo encarece.
¿Tú los compras y luego los trabajas?
Bueno, yo soy maestro de bonsái, instructor de la Asociación del Bonsái Español (ABE) e igualmente instructor de la organización Bonsái Clubs Internacional (BCI), que  que agrupa a la mayor parte de asociaciones y clubes del mundo. Tengo mi colección particular de bonsái que he ido seleccionando a lo largo de muchos años, buscando sobre todo aquellos árboles sobresalientes en los que veía algo especial y único. Por otro lado, en mi escuela enseño el arte del bonsái y trabajo los árboles de mis alumnos. También me dedico a mantener la colección de bonsáis de personas particulares.
Los pisos de hoy no suelen ser muy espaciosos. ¿Es preciso tener un jardín?
Más que un jardín lo que se precisa es disponer de un lugar exterior donde el árbol reciba la luz del sol y sienta el paso de las estaciones, así como sus cambios climáticos. Como he dicho, no se diferencian en nada de sus congéneres de la naturaleza, por lo que, como ellos, donde mejor están es en el exterior.

Los bonsáis entre otras clasificaciones como la que hace referencia a sus formas o estilos también se agrupan en base a sus tamaños. los hay que tan solo miden a lo sumo cinco o diez centímetros (en japonés denominados Shinto) y los que llegan casi a un metro de altura (llamados Imperial). Así que si disponemos de poco espacio, pero eso sí aunque sea pequeño podemos disponer nuestros arbolitos en el exterior, entonces vivir en un piso tampoco debería ser un problema.
¿Se necesita una habilidad especial además de paciencia para para elaborar un buen ejemplar?
Lo más importante es tener verdadera pasión por la naturaleza y especialmente por los árboles. Hay que tener en cuenta que cuando adquiramos un bonsái, desde ese preciso momento su supervivencia va a depender única y exclusivamente de nosotros. Las técnicas se aprenden y, bueno, dependiendo de la habilidad de cada uno costará más o menos asimilarlas, pero para eso está el maestro, para saber enseñarlas y adaptarlas a las particularidades de cada alumno. Y sí, paciencia infinita también, ten en cuenta que hay futuros proyectos de bonsái que incluso parten de semilla y pueden pasar quince, veinte o más años para al final llegar a ver la imagen de un bonsái de calidad. De todos modos, ese proceso de formación y refinado se puede acortar bastante si previamente partimos ya de material con cierto potencial.
Una tarea muy larga
Sí, como te comenté, hay árboles que se llevan cultivando como bonsái más de quinientos años. De hecho, los árboles normalmente suelen ser más longevos que nosotros y, bueno… puede ser una buena manera de pasar un legado de padres a hijos, algo que habitualmente ocurre en los viveros de Japón, donde se cultivan bonsáis en los que hay maestros cuidando de los árboles que en su día su tatarabuelo comenzó a cultivar.
Y ya, para terminar esta agradable charla, decirte que he visto algunos de tus trabajos y me parecen verdaderas obras de arte. Sobre todo, después de esta extraordinaria lección que me acabas de dar sobre el bonsái. ¿Quieres añadir algo más?
Agradezco mucho tus palabras y sí, como dije, un bonsái es un árbol cultivado en una maceta, pero que va más allá y es requisito indispensable trabajarlo y dotarlo de una componente estética para generar la belleza que tanto agrada a quien lo contempla. Y esto generalmente no ocurre por casualidad. Hay que conocer y dominar muchas reglas y normas. Algunas comunes a otras disciplinas artísticas. Parte de eso se aprende y el resto forma parte del grado de creatividad artística que cada uno lleve dentro y sea capaz de exteriorizar y expresar. Respecto a la enseñanza, llevo enseñando unos cinco años, y desde este último me dedico a tiempo completo a transmitir todo el amplio conocimiento del que se compone este arte milenario.
Ahora vivo en el centro, donde tengo mi escuela física y donde realizo talleres para enseñar la parte práctica. Hoy en día con internet la docencia también ha pasado a otra dimensión, y ofrezco la posibilidad de estudiar un módulo online en el que se ofrece un curso avanzado de arte bonsái con una duración de cuarenta horas. En breve también voy a dar la opción de enseñar la parte práctica mediante vídeos en directo. Así que posibilidades para quien quiera adentrarse en esta apasionante afición hay muchas. Solo hace falta dedicarle algo de tiempo, que si se quiere se sabe encontrar, aunque parezca difícil, en un modo de vida tan acelerado como el actual. «En bonsái todo ese mundo pasa a un segundo plano y los tiempos adquieren otra escala, la de la naturaleza…»

***

Muchísimas gracias por tu tiempo, Marcial. Ha sido todo un placer volver a charlar contigo y recibir esta clase magistral acerca de esos «arbolitos», que desde hoy veré con otra mirada cada vez que pase por su sección en el centro de mi jardinería habitual.


Más información:

Marcial Yuste Blasco
Maestro de la Escuela Sagunt Bonsái (ESB)
Instructor de la Asociación del Bonsái Español (ABE)
Instructor del Bonsái Clubs Internacional (BCI)
info@saguntbonsai.es
www.saguntbonsai.es
Escuela Sagunt Bonsai.  sagunt.bonsai.es
También en su pág. de facebook donde comparte imágenes de sus trabajos.


jueves, 23 de abril de 2020

Los amigos cuentan... RUTH SICILIA TORRES





Hoy, 23 de abril es un día especial para quienes disfrutamos escribiendo historias. Unas veces nos decantamos por inventar esas historias, luego les damos forma y, si podemos, las publicamos. Otras, escribimos a modo de novela, nuestras propias experiencias. Este es el caso de Ruth, quien se sirvió de las letras para contar su historia: MI IMPENETRABLE SONRISA.

Yo la conocí a raíz de la publicación de su libro. Desde entonces somos amigas. Y es a ella a quién he dirigido hoy mis preguntas sobre cómo afronta este tiempo de confinamiento.

¿Llevas confinada desde el primer día?

Como madre de dos hijas, una de ellas con una discapacidad del 77%, el 13 de marzo comenzó nuestro confinamiento. Como normalmente hago una compra grande semanal, y la había hecho el miércoles anterior, el día 13 solamente salí para ir a la farmacia a comprar alcohol y mascarillas, y aproveché para cambiar una batidora que se me había estropeado y que la necesito para preparar algunas comidas de mi hija.

¿Trazaste alguna ruta de tareas para los días que se avecinaban o eres de las que improvisan sobre la marcha?

No hice ninguna ruta en especial. Día a día vemos si hace falta algo, hacemos listas y solo sale mi marido de casa a hacer los recados pertinentes los días que sea estrictamente necesario. Cada día improviso todo, hasta lo que vamos a comer. En estos momentos de ansiedad lo que menos necesito es una obligación impuesta por mí para seguir ningún tipo de rutinas.

Tú eres una persona involucrada, no te gusta mantenerte al margen. ¿Sigues las noticias? ¿Por qué vías?

Un par de veces al día vemos noticias. A mí me gusta verlas en el canal 24 Horas, donde suelen salir comparecencias en directo. Me he dado cuenta que luego tanto en redes como en imágenes de las mismas se tergiversa la información, recortan entrevistas y hasta ponen frases que sacadas de contexto cambian mucho la información que daban en directo.

¿Cómo son ahora tus días?

Intentamos levantarnos pronto. Entre semana la niña pequeña tiene clases online y la niña especial va detrás de nosotros. Con ella improvisamos alguna actividad para que haga algo similar al colegio. Mientras tanto vamos poniendo lavadoras, recogiendo, limpiando, preparando la comida… Hasta la hora de comer no paramos. Una vez hemos comido intentamos que la niña mayor, que por su discapacidad toma medicamentos muy fuertes, duerma la siesta. Nosotros aprovechamos para elegir una película de Netflix y verla con la niña pequeña que tiene siete años. Por la tarde preparamos alguna merienda entre todos. Mi hija pequeña ha cogido afición a la cocina y a veces grabo sus recetas y las cuelgo en un canal que se ha abierto en Youtube. Jugamos a algo todos juntos: guerra de cojines, hacer payasadas… Y también hacemos videollamadas con amigos y familiares. Todo eso hasta las ocho de la tarde que salimos a aplaudir. Ese es un momento muy bonito en el que ves que hay vida fuera de tu casa. Después preparamos la cena, pero a veces cenamos más tarde porque en ese tiempo hacemos bailes, ponemos música, pintamos… Un poco lo que más apetezca. Luego toca un rato de televisión hasta que las niñas se quieren ir a dormir. Y ya, cuando se han dormido, mi marido y yo solemos ver alguna película que nos guste a nosotros, ya que pasamos todo el año sin tiempo para ver la tele.

¿Te vienes abajo en algún momento del día?

Me vengo abajo mil veces al día. A veces cuando hablo con mis padres, otras cuando durante los aplausos mandan besos a mi hija, también si mis hijas se pelean o las siento tristes. Pero también me levanto enseguida e intento animar la situación.

Con todo este trajín de las niñas imagino que no tendrás mucho tiempo para leer o escribir. Cuando empezó todo esto ¿estabas trabajando en algo nuevo? ¿Sacas algún rato para escribir sobre lo que está ocurriendo?

Soy una persona muy positiva, doy muchas vueltas en mi cabeza a lo que quiero escribir. De hecho, estoy escribiendo un libro sobre ser una familia con una hija especial. Pero estos días sin intimidad, siempre rodeada de mi familia me cuesta mucho centrarme y tener un rato de silencio sin interrupciones para poder escribir. Sí que quiero introducir en mi libro de Francina cómo ha sido para ella por su condición y para nosotros como padres, este confinamiento, esta situación.

*

No tengo la menor duda de que esta situación está resultando muy complicada para muchas personas, cuanto más, para familias que, como la de Ruth, comparten su confinamiento con aquellas que precisan de una especial atención.

Muchas gracias, Ruth por atender a mis preguntas. Me consta que no andas sobrada de tiempo. Ha sido un placer leerte.




domingo, 19 de abril de 2020

Los amigos cuentan... EMMA FONDEVILA






Cuando se cumple más de un mes desde el inicio del confinamiento impuesto por el Gobierno, mi curiosidad me lleva hasta Emma Fondevila. Ella es traductora y poeta, al igual que Emilio, su marido, de cuyos días encerrado en casa ya os comenté en mi anterior entrada.

Emma, como el resto de mis amigas y amigos del círculo de escritores, acudió enseguida a mi llamada cuando le sugerí la idea de que me contara el modo en que está viviendo estos días de reclusión y aquí tenéis sus respuestas:

¿Qué día comenzó tu confinamiento?

Fue el primer día, el 14 de marzo

¿Previamente hiciste una ruta de tareas para los días que se aproximaban?

No me dio tiempo a programar nada. Aquel fin de semana fue una locura mientras trataba de hacerme a la idea de que no iba a poder salir salvo para hacer algunas cosas que se consideraban imprescindibles. ¡Diferentes concepciones de lo imprescindible! Todavía estaba abierto el jardín de la urbanización y se podían dar algunos paseos a las horas en las que no había nadie. Eso hacía que el encierro fuera más soportable, pero el lunes me encontré con el acceso al jardín cerrado. Creo que fue entonces cuando caí en la cuenta de cómo iba a ser realmente y me vi en la necesidad de planificar las tareas.

¿Sigues esa ruta todos los días o improvisas?

Intento seguirlo. Por las mañanas no me cuesta mucho. Por las tardes es otro cantar. Parece que las horas se van alargando a medida que transcurre el día, y a veces me puede el desánimo.

¿Sigues las noticias? ¿Por qué vías?

Sí, tal vez más de lo que debiera. Nada más levantarme pongo la radio y a lo largo del día voy recurriendo a distintas fuentes: Internet, los informativos de televisión, otra vez la radio… Según… Me molesta sobre todo el clima bronco de las noticias políticas, creo que es lo que más me preocupa de la presente situación. Pensar cómo vamos a salir de esto, si con un gobierno progresista que encare la situación pensando en los ciudadanos o con un gobierno como el que gestionó la crisis anterior pensando solo en hacer nuevos ricos. También me indigna la actitud de la UE y su falta absoluta de solidaridad, que sigan enrocados en las soluciones que se demostraron ineficaces e injustas y de las que no quieren despegarse.

¿Cómo es ahora uno de tus días?

Después del desayuno hago un rato de gimnasia, aunque a veces me siento antes al ordenador un rato, sin forzarme. Después hago las tareas de la casa. Al principio limpiaba compulsivamente. Le di la vuelta a la casa. Después me calmé y voy haciendo lo que considero necesario. La comida la hacemos mi marido o yo; después de comer vemos alguna serie. Todo esto lo vamos alternando con recorridos ida y vuelta por la terraza que no es muy grande, pero hay que mantener algo de actividad. Después dedicamos un tiempo a la lectura, aunque hay días en que a mí me resulta imposible concentrarme. Por la noche solemos ver una película. Procuramos acostarnos siempre a la misma hora, las doce, más o menos. En cuanto al sueño, tengo altibajos.

¿Te vienes abajo en algún momento?

Sí, hay días que estoy muy activa; otros, me cuesta atenerme a la rutina que he fijado. Depende en gran medida del tiempo. Si está un buen día y no hace frío, puedo estar un rato en la terraza y eso me anima mucho. Si no, me puede el desánimo. También influyen mucho las noticias. Me preocupan las cifras de muertos y contagiados, me apena mucho la forma en que muere la gente, casi siempre alejada de sus seres queridos, y quienes pierden a alguien y no pueden hacer debidamente el duelo, pero también el clima político del país. Creo que a partes iguales.

Seguro que entre las tareas para hacer más llevadera esta situación, la más importante o quizá a la que más tiempo dedicas es a la lecto/escritura. ¿Estás escribiendo sobre lo que está sucediendo con respecto a la pandemia? ¿Algo nuevo a la vista para cuando acabe esto?

Así debería ser, pero hay días en los que no puedo con ello. He estado leyendo libros de poetas argentinos como Javier Galarza, María Malusardi y Natalia Litvinova. Afortunadamente, me llegaron poco antes del encierro. Libros muy interesantes como La noche sagrada, de Javier Galarza, en el que hace un repaso de la literatura desde Holderling y la va encadenando con Rike, Heidegger, Celan, Freud, Kafka… todo un recorrido por el siglo XX que refleja los cambios sociales de esa época tan convulsa. Otros libros como Lo atenuado, también de Galarza, o Artista del hambre, de María Malusardi o Un cesto de trenzas, de Natalia Litvinova, son muestras maravillosas de la poesía argentina actual. Mientras los leía pensaba que es una pena que tan poco de esto llegue aquí. Los libros que se editan en Buenos Aires son imposibles de conseguir aquí, y pocas editoriales españolas se atreven a hacer una reedición. Apenas llegan los libros de María Negroni; el de Natalia sí que está editado en España en «La bella Varsovia». Tenía pensado interesar a algún editor, sobre todo por La noche sagrada, de Javier, que es un libro interesantísimo, pero con todo esto, quién sabe con qué nos encontraremos cuando salgamos.

En cuanto a escribir, voy tomando notas. Yo no suelo escribir sobre lo inmediato, por lo general me tomo un tiempo para reflexionar antes de que surjan poemas o relatos. Me pasa cuando viajo, por ejemplo. Voy dejando apuntes, reflexiones. En este caso tienen tintes filosóficos y son bastante sombríos. En fin… la situación no da para más.

En cuanto a los proyectos para cuando esto acabe… tengo un poemario que tenía fecha de publicación para enero, pero ¿quién sabe? ¿Valen de algo los planes anteriores? Todo es tan incierto, tan impredecible como la propia vida…


*

Todo esto me lo contaba Emma desde su casa de Collado-Villalba, hace apenas unos días, tras un periodo de confinamiento de algo más de un mes.  Aún nos quedan días, semanas… por delante, cuyo final es tan incierto e impredecible como ella siente. No obstante, nosotras seguiremos estando en contacto como hasta ahora, leyéndonos a través de las redes y compartiendo poesía, de aquí y de allá, su tierra al otro lado del gran mar.






jueves, 16 de abril de 2020

Los amigos cuentan... EMILIO MUÑIZ CASTRO





Siguiendo con mi indiscreción preguntando aquí y allá a mis amigos escritores y poetas, mis preguntas van dirigidas hoy a Emilio Muñiz Castro. Traductor, poeta y declamador/locutor, dirige el programa radiofónico La poesía y los poetas en la emisora de radio local de Collado Villalba donde reside. Yo lo conocí a través de una amiga poeta, Emma Fondevilla, de cuyos poemas he dado cuenta más de una vez en este blog.

Me consta que en casa de Emilio se respira la poesía, que esta impregna cada una de las paredes, y que este encierro involuntario la hace vibrar en cada momento del día. Él, como la mayoría de nosotros, comenzó su confinamiento el primer día, el catorce de marzo. Al preguntarle si previamente se había marcado una ruta de tareas me respondió que no, ya que no es su costumbre hacer planificaciones a largo plazo, sobre todo desde que está jubilado. Ha trabajado como autónomo durante más de cuarenta años, por lo que no ha necesitado planificar las rutinas. «Ya las hemos desarrollado con los años, sobre todo en el caso de los profesionales relacionados con la industria editorial», me dice, y agrega que, como traductor, siempre ha tenido una disciplina vinculada a las obras cuya traducción le encargaban a plazo fijo. «No me cuesta mantener el confinamiento, aunque algunas tardes se me hacen más largas que otras, sobre todo si no luce el sol». Concluye ante mi pregunta acerca de la imposición de esta medida.

Y sí..., la ausencia de sol ha sido casi permanente desde los primeros días de encierro. A mí que me gusta la lluvia y me aferro a ella en los momentos de vacío literario, también me han importunado tantos días lluviosos. A la sensación de clausura se ha añadido el color de un cielo que más bien parecía sumarse a la tristeza e incertidumbre del momento.

Mi amigo sigue con atención las noticias. Lo hace por todas las vías: «por tierra, mar y aire», me dice. En su casa se despiertan con la Cadena Ser, y a lo largo del día van cambiando a otros medios.

Además de ver y leer las noticias, no deja hueco para el aburrimiento.  «¿Cómo es un día normal de estos días tan… no sé si llamarlos extraños?», le pregunto. Sé que es muy activo culturalmente, por lo que su respuesta no me sorprende: «Nada de quedarme en la cama más allá de las ocho de la mañana. Luego, desayuno, gimnasia ligera cuando toca; unas veces lectura de poesía; otras, audición de música; bastante actividad en el ordenador, bien para escribir, bien para preparar una breve sección de radio, La poesía de la vida, que sale al aire los viernes a las 13:00h por Ser Sierra, y que ahora hago por teléfono. Si hace buen tiempo, paseos por la terraza, tareas domésticas compartidas, planificación del almuerzo y la cena, cocina cuando toca, ligera siesta y series en la sobremesa, lecturas por la tarde, telediario, cenas después del telediario y, de nuevo, series o una peli.»

Le pregunto si se viene abajo en algún momento. Me responde que en general no, pero que todos los días, aunque no haya confinamiento, asoman los cambios de humor. «Pero al final se impone el optimismo», reconoce.

Nuestra conversación llega a su fin. «Estás escribiendo acerca de lo que sucede en el país y a nivel mundial por la pandemia? ¿Estás trabajando en algo nuevo para cuando acabe todo este lío?  

«Bueno, me dedico a la lecto/escritura y a hacer pan. En casa solo compramos pan de panadería una o dos veces a la semana… o eso era lo que solíamos hacer. El resto del pan que consumimos de harina integral o mezcla, lo hago yo. Pero las tartas y las galletas las hace mi mujer. Estoy tratando también de perfilar un poemario con todo el material que ya tengo escrito. Solo me refiero tangencialmente a las experiencias diarias, y no de manera expresa. Mi poesía es de carácter metafórico, expresa mis sentimientos y mis estados de ánimo, pero no es referencial como la llamada poesía de la experiencia.»

Hace apenas dos días se cumplió el primer mes de confinamiento en nuestro país. A unas personas les costará más que a otras superar esta prueba. Como os contaba al principio, la casa de Emilio está impregnada de literatura, poesía y música. Un ambiente extraordinario para hacer más llevadera esta situación.

Podéis escuchar su programa de radio en: La poesía y los poetas www.ivoox.com




domingo, 12 de abril de 2020

Los amigos cuentan: JOSÉ MANUEL PEDRÓS






Hoy, también, de nuevo, «podría escribir los versos más tristes esta noche», pero no quiero. No deseo buscarme por dentro y mostrar con la tinta o el teclado lo que me corroe, me entristece o me indigna en estos momentos difíciles. Prefiero, desde que comenzó este confinamiento, mantenerme alejada de la poesía. No quiero versos tristes y tampoco de esperanza. Ahora quiero poner mi teclado al servicio de mis amigos y amigas que, como yo, son amantes de las letras. Me gustaría saber cómo afrontan ellos y ellas este confinamiento, esta primavera tan extraña como incierta.

José Manuel Pedrós ha sido el primero en atender esta curiosidad mía. Él es escritor y columnista de la prensa local. Su último libro En el ancho camino salió a la luz hace unos cuantos meses y sobre él ya comenté en este blog una vez que finalicé su lectura. 

¿Qué tal, Pedrós? ¿Qué día comenzó tu confinamiento?

Si no recuerdo mal, fue el 15 de marzo

¿Previamente hiciste alguna ruta de tareas para esos días de confinamiento o improvisas sobre la marcha?

No, no había previsto nada. Voy improvisando sobre la marcha

Tú sueles ser una persona bastante informada. ¿Estás también estos días siguiendo las noticias? ¿Por qué vías?

Sí. Las sigo por televisión

Cuéntame cómo es uno de estos días

Me levanto, me ducho, desayuno, leo, escribo algo, hago alguna cosa en casa, veo la televisión, y poco más.

¿Te vienes abajo en algún momento?

Normalmente no, aunque a veces siento un poco de preocupación

Seguro que entre las tareas para hacer más llevadero este encierro, la más importante o quizá la que más tiempo dedicas es a la escritura. ¿Estás escribiendo sobre lo que te preocupa? ¿Algo nuevo a la vista para cuando acabe todo esto?

Sí, suelo escribir para El Económico artículos de opinión relacionados con este virus, y también escribo algo relacionado con la última novela que tengo entre manos.

Y, por último: ¿Crees que acabará esto pronto y bien?

Creo que un mes más no nos lo quita nadie. Después, me imagino que progresivamente volveremos a la normalidad, pero teniendo precauciones, y soy un poco escéptico en cuanto a pensar que esta solidaridad que ahora se ve en general, puede continuar. Ya veremos, aunque me gustaría que fuéramos más humanos.

*

Una semana antes de que se impusiera el estado de alarma, José Manuel Pedrós y yo teníamos dos citas: la primera de ellas para tomar un café y charlar sobre cosas de esas de las que a ambos nos gusta hablar, «de letras»; y la segunda, unos días más tarde, para presentar su último libro EN EL ANCHO CAMINO en el Centro Cultural Mario Monreal de Sagunto. No pudo ser. Pero será. No nos cabe la menor duda. Y entonces retomaremos nuestras charlas, con café o con un helado. Mientras tanto, seguimos leyéndonos y escribiéndonos casi a diario nuestros respectivos «¿Cómo estás?, por aquí todo bien, saludos a tu esposa...» «Por aquí también, abrazos y cuidaos…»

Porque… Los amigos cuentan.


lunes, 24 de febrero de 2020

Silvia Cuevas-Morales




Hace ya algún tiempo que quería comentar acerca de dos de mis adquisiciones literarias del pasado año. Las compré en la Feria del Libro de Valencia, en la caseta de la Editorial Lastura. Sobre ese día de feria ya comenté en su momento. Fue un día intenso, feliz y productivo. tuve la suerte de conocer personalmente a Lidia López, gerente de la editorial, pero, además, los libros que buscaba me los pude traer firmados por su autora Silvia Cuevas-Morales.


Tenía referencias de esta escritora y poeta por las redes. Me gustaba lo que gente conocida compartía de ella y me interesé por su poética- APÁTRIDA: DIARIO DE UN DESTIERRO y EL TREN DEL MIEDO Y OTROS RELATOS -este último de relatos- fueron mis obras seleccionadas.
 
Los leí pronto, durante las dos semanas siguientes a mi visita a la feria. El de poesía, como es costumbre en mí, lo leí primero de un tirón. Después, lo fui cogiendo a días y leyendo algún que otro poema. Siempre vuelvo a mis poeta y los releo. Y siempre lo hago en voz alta. Me gusta la lectura a viva voz.

Pero Silvia Cuevas-Morales es mucho más que sus obras. Es la mujer entera que, al igual que yo leo en voz alta, ella escribe en voz alta. Y alza su voz no solo por ella. Es una voz a la que no detienen tiranos ni fronteras, una voz que hoy os acerco desde esta sección de «entrevistas» de De Fragua y Yunque.

¿Quién es Silvia Cuevas Morales?


Difícil pregunta.  ¿Alguna vez llegamos a saber quiénes somos realmente? Soy una mujer sencilla, feminista, solitaria y nostálgica por naturaleza. Algunas personas dicen que soy poeta… Una mujer a quien le quita el sueño las injusticias, la desigualdad, el terrible drama de las personas desplazadas y que buscan refugio lejos de su tierra natal, los abusos de poder, los asesinatos machistas, la represión de los Estados supuestamente democráticos... Una mujer que aún tiene sueños y que lucha por no perder la esperanza. Una mujer que cree en tender puentes y que sumar es mucho mejor que restar, aunque demasiadas veces me doy de bruces con la dura realidad, el egoísmo, el oportunismo y la hipocresía...

¿Qué recuerdas de tu primera infancia?

Mi madre, mi escuela, mis profesoras, mi mejor amiga que se llamaba Cecilia, mi barrio de Santiago. La imagen de la cordillera en la distancia. Mis vacaciones con mi familia en tren durante los veranos. Las clientas de mi madre que venían a casa (mi madre era modista). Recuerdo a esas mujeres fuertes, independientes, valientes que traían telas exóticas de sus viajes y que tras el Golpe no volví a ver.

¿Guardas la imagen de cuando te dijeron que teníais que emprender un largo viaje?

No recuerdo con exactitud cuando mis padres me lo dijeron, pero tardamos dos años en salir del país tras el Golpe de Estado de 1973. Teníamos dos opciones, Australia o Canadá, que fueron los países que en ese momento abrieron sus puertas a miles de chilenos y chilenas. Australia nos aceptó primero. Recuerdo que por entonces llevaba un diario, como toda adolescente, y en él describí esos momentos. Ahora tendría que desempolvar ese diario para recordar esos momentos que mi memoria adulta ha borrado.

¿Apreciabas algo raro o especial en el ambiente de casa durante los días previos al viaje?

Cuando por fin tuvimos fecha, recuerdo el nerviosismo de mi padre y de mi madre. Recuerdo cómo las cosas iban desapareciendo de casa. Supongo que las iban vendiendo o regalando. En especial, recuerdo la enorme tristeza de mi madre y la inquietud de mi hermana. Yo tenía 13 años y mi hermana 15.



¿Recuerdas el viaje

Tengo mala memoria y mis recuerdos son borrosos, pero sí recuerdo algunas cosas. Recuerdo el haber hecho una escala en Lima, Perú, donde pasamos una noche. Luego otra escala en Papetee, Tahití. Allí nos quedamos en unos apartamentos, y luego Sídney, creo…  y nuestro destino final, Melbourne. Me sorprende, ahora que me lo preguntas, que no recuerdo quién nos despidió en el aeropuerto de Chile y tampoco recuerdo ningún detalle de ninguno de los aeropuertos en los que hicimos escala. Siempre he pensado que el shock de cambiar de país me hizo borrar muchos recuerdos. La cantidad de cosas nuevas y la necesidad de sobrevivir en una nueva cultura, solapó la experiencia del viaje y la despedida…

Y llegas al destino: Otra lenguaotro colegioy… el mundo de las letras ¿Cuándo empiezas a escribir?

Como te comentaba antes, ya de pequeña escribía en un diario y allí empecé a escribir mis primeros versos, pero no fue hasta llegar a Australia que ya me puse a escribir poemas en inglés como un reto. En la secundaria tuve una profesora que me alentó y me apoyó muchísimo, Ms. Valerie Campo. Solíamos quedar durante el almuerzo para ver mis poemas y corregirlos y ella me animó a participar en una revista que se publicaba anualmente. Luego ya vino mi época universitaria donde empecé a moverme en algunos grupos literarios y a enviar mis poemas a revistas. Antes costaba mucho más que ahora publicar, pero por fortuna, aunque a veces recibía una carta que me decía que en esa ocasión no me publicarían, también recibí cartas de muchas en que sí aceptaban mis poemas. Incluso pagaban por los poemas publicados, no como ahora.

¿Conservas tus primeros textos?

Sí… aunque debería quemarlos porque son horrorosos, pero les tengo cariño. También conservo copia de todas las revistas literarias australianas y los periódicos en los que me publicaron.

¿Qué te mueve a la poesía?

De adolescente comencé a interesarme por la poesía en la escuela, aunque no fuera un género popular entre mis amistades. Y la verdad es que ya de muy jovencita empecé a escribir mis primeros versos. Jamás pensé en publicar, pero a nivel personal me servía como un desahogo. Yo era muy tímida y solitaria de joven y sentía tantas cosas que quería expresar pero que jamás me hubiera atrevido a expresarlas en voz alta, y supongo que la poesía se prestaba para esa expresión. Para mí, de joven, se trataba de una forma inmediata de volcar en papel lo que quería expresar.

Luego vino el aprendizaje y por supuesto que ya no me limito a escribir tan sólo de «sentimiento». Gran parte de mi poesía es social, pero sigo prefiriendo el verso a la prosa aunque también haya publicado relatos.  La poesía me ha acompañado durante tantísimos años que no puedo imaginar mi vida sin ella, tanto como lectora y como autora.

Y llega también el activismo: ¿En qué momento?

Si hablamos del activismo como participación activa en movimientos políticos y sociales, supongo que desde muy jovencita sentí interés en los pueblos y los colectivos oprimidos, aunque no milité en ningún partido ni asociación oficialmente, pero desde joven apoyé y participé en muchas marchas y eventos. Actos de apoyo al pueblo Kurdo, Saharaui, chileno, al pueblo mapuche, al pueblo aborigen de Australia, al pueblo palestino, y por supuesto en marchas y actos feministas y en actos en apoyo al colectivo LGTBI. 

En España, participé activamente durante más de diez años en Vindicación Feminista y en el Partido Feminista de España, fundado por Lidia Falcón. Luego «me quemé» y hace años voy por libre, aunque sigo apoyando diversas luchas, tanto en la calle como con mis escritos.

¿Alguna razón personal? 

Creo que el hecho de haber presenciado un golpe de estado en mi país natal me marcó para siempre y no puedo callarme ante las injusticias ni la represión. El hecho de haber sido emigrante dos veces (en Australia y en España) también me ha marcado profundamente y me niego a aceptar el racismo sin hacer algo. Me niego a cerrar los ojos ante el drama de las pateras, de lxs refugiadxs. Y definitivamente el hecho de ser mujer y lesbiana, me ha llevado a participar en el movimiento feminista y en el movimiento LGTBI. Aunque reitero, ya no milito ni pertenezco a ninguna entidad ni asociación pero, mientras viva, seguiré intentando hacer lo que pueda para combatir y denunciar las injusticias y el abuso de poder en el mundo. Ya sea en la calle o con mi poesía o con mi participación en actos solidarios.

 ***

Y emprendes nuevos caminos que en estos momentos te sitúan en España. Aquí es donde llego a conocerte y leerte. Eres traductora, escritora y poeta, pero te prodigas más divulgando la obra de otras mujeres que la tuya propia. A diario nos acercas a poetas que fueron silenciadas, pero también a autoras contemporáneas que no conoceríamos sin la labor de difusión de mujeres como tú. A unas las rescatas del silencio y a otras les abres la puerta que nos permite conocerlas. Es sin duda una gran labor además de necesaria. 

Quienes te seguimos en fb comprobamos que tus inquietudes siguen en pie de guerra en defensa de la justicia y de la igualdad real entre hombres y mujeres… Por desgracia, desde hace unos meses, la indignación te golpea muy directamente desde tu Chile querido. La tiranía que se materializa en las calles de tu país y el silencio cómplice de los medios en esta parte que tanto se llena la boca cuando de otros países se trata, te supera —nos supera—. He comprobado a diario cuánto te duele ese silencio. 

Podría alargarme mucho en esta charla, saboreando un buen café calentito ahora que hace frío, y sé que aportarías a mi sobremesa un sinfín de cosas positivas. Pero de momento me sumergiré de nuevo entre las páginas de APÁTRIDA: DIARIO DE UN DESTIERRO, en uno de esos poemas que transcribo y que me tocó mucho la fibra desde la primera de sus lecturas:

Yo vi
Buitres lanzando bombas sobre la Moneda
mancillando la ilusión del pueblo
ensangrentando las alamedas

Yo vi
Títeres disfrazados de falsas primaveras
apostados en los tejados
disparando sobre el pueblo que corría por las aceras

Yo vi 
A mi padre pedaleando en una bicicleta rota
camino a casa con el corazón destrozado
como el de sus compañeros en la derrota

Yo vi
A mi madre en lágrimas cosiendo a escondidas
para seguir manteniéndonos
con algunas de sus clientas 
exiliadas
                               desaparecidas

Yo escuché
Las ráfagas de madrugada
las botas del enemigo que en cada puerta acechaban
mientras las casas de los traidores
                               emergían abanderadas

Yo vi
Mi hogar desaparecer en cuatro maletas desvencijadas
mis amigas
                mis libros
                               mi infancia
Todo se esfumaba mientras mi país se desangraba

Yo vi
Aquella enorme nave que surcaría los cielos
los ojos llorosos
                los pañuelos que se agitaban en el viento
y jamás volví a pisar lo que fue mi pueblo

Yo vi
Y aunque me quedara ciega
jamás se borrará el recuerdo
del horror que ese día


Como indico al principio de esta charla-entrevista, cuento con dos de las obras de Silvia, APÁTRIDA -DIARIO DE UN DESTIERRO- y EL TREN DEL MIEDO Y OTROS RELATOS, pero su obra y publicaciones en revistas es mucho más intensa. La podéis visitar en su blog:
silviacuevas-morales.blogspot.com 

No os dejará indiferentes.