jueves, 16 de abril de 2020

Los amigos cuentan... EMILIO MUÑIZ CASTRO





Siguiendo con mi indiscreción preguntando aquí y allá a mis amigos escritores y poetas, mis preguntas van dirigidas hoy a Emilio Muñiz Castro. Traductor, poeta y declamador/locutor, dirige el programa radiofónico La poesía y los poetas en la emisora de radio local de Collado Villalba donde reside. Yo lo conocí a través de una amiga poeta, Emma Fondevilla, de cuyos poemas he dado cuenta más de una vez en este blog.

Me consta que en casa de Emilio se respira la poesía, que esta impregna cada una de las paredes, y que este encierro involuntario la hace vibrar en cada momento del día. Él, como la mayoría de nosotros, comenzó su confinamiento el primer día, el catorce de marzo. Al preguntarle si previamente se había marcado una ruta de tareas me respondió que no, ya que no es su costumbre hacer planificaciones a largo plazo, sobre todo desde que está jubilado. Ha trabajado como autónomo durante más de cuarenta años, por lo que no ha necesitado planificar las rutinas. «Ya las hemos desarrollado con los años, sobre todo en el caso de los profesionales relacionados con la industria editorial», me dice, y agrega que, como traductor, siempre ha tenido una disciplina vinculada a las obras cuya traducción le encargaban a plazo fijo. «No me cuesta mantener el confinamiento, aunque algunas tardes se me hacen más largas que otras, sobre todo si no luce el sol». Concluye ante mi pregunta acerca de la imposición de esta medida.

Y sí..., la ausencia de sol ha sido casi permanente desde los primeros días de encierro. A mí que me gusta la lluvia y me aferro a ella en los momentos de vacío literario, también me han importunado tantos días lluviosos. A la sensación de clausura se ha añadido el color de un cielo que más bien parecía sumarse a la tristeza e incertidumbre del momento.

Mi amigo sigue con atención las noticias. Lo hace por todas las vías: «por tierra, mar y aire», me dice. En su casa se despiertan con la Cadena Ser, y a lo largo del día van cambiando a otros medios.

Además de ver y leer las noticias, no deja hueco para el aburrimiento.  «¿Cómo es un día normal de estos días tan… no sé si llamarlos extraños?», le pregunto. Sé que es muy activo culturalmente, por lo que su respuesta no me sorprende: «Nada de quedarme en la cama más allá de las ocho de la mañana. Luego, desayuno, gimnasia ligera cuando toca; unas veces lectura de poesía; otras, audición de música; bastante actividad en el ordenador, bien para escribir, bien para preparar una breve sección de radio, La poesía de la vida, que sale al aire los viernes a las 13:00h por Ser Sierra, y que ahora hago por teléfono. Si hace buen tiempo, paseos por la terraza, tareas domésticas compartidas, planificación del almuerzo y la cena, cocina cuando toca, ligera siesta y series en la sobremesa, lecturas por la tarde, telediario, cenas después del telediario y, de nuevo, series o una peli.»

Le pregunto si se viene abajo en algún momento. Me responde que en general no, pero que todos los días, aunque no haya confinamiento, asoman los cambios de humor. «Pero al final se impone el optimismo», reconoce.

Nuestra conversación llega a su fin. «Estás escribiendo acerca de lo que sucede en el país y a nivel mundial por la pandemia? ¿Estás trabajando en algo nuevo para cuando acabe todo este lío?  

«Bueno, me dedico a la lecto/escritura y a hacer pan. En casa solo compramos pan de panadería una o dos veces a la semana… o eso era lo que solíamos hacer. El resto del pan que consumimos de harina integral o mezcla, lo hago yo. Pero las tartas y las galletas las hace mi mujer. Estoy tratando también de perfilar un poemario con todo el material que ya tengo escrito. Solo me refiero tangencialmente a las experiencias diarias, y no de manera expresa. Mi poesía es de carácter metafórico, expresa mis sentimientos y mis estados de ánimo, pero no es referencial como la llamada poesía de la experiencia.»

Hace apenas dos días se cumplió el primer mes de confinamiento en nuestro país. A unas personas les costará más que a otras superar esta prueba. Como os contaba al principio, la casa de Emilio está impregnada de literatura, poesía y música. Un ambiente extraordinario para hacer más llevadera esta situación.

Podéis escuchar su programa de radio en: La poesía y los poetas www.ivoox.com




domingo, 12 de abril de 2020

Los amigos cuentan: JOSÉ MANUEL PEDRÓS






Hoy, también, de nuevo, «podría escribir los versos más tristes esta noche», pero no quiero. No deseo buscarme por dentro y mostrar con la tinta o el teclado lo que me corroe, me entristece o me indigna en estos momentos difíciles. Prefiero, desde que comenzó este confinamiento, mantenerme alejada de la poesía. No quiero versos tristes y tampoco de esperanza. Ahora quiero poner mi teclado al servicio de mis amigos y amigas que, como yo, son amantes de las letras. Me gustaría saber cómo afrontan ellos y ellas este confinamiento, esta primavera tan extraña como incierta.

José Manuel Pedrós ha sido el primero en atender esta curiosidad mía. Él es escritor y columnista de la prensa local. Su último libro En el ancho camino salió a la luz hace unos cuantos meses y sobre él ya comenté en este blog una vez que finalicé su lectura. 

¿Qué tal, Pedrós? ¿Qué día comenzó tu confinamiento?

Si no recuerdo mal, fue el 15 de marzo

¿Previamente hiciste alguna ruta de tareas para esos días de confinamiento o improvisas sobre la marcha?

No, no había previsto nada. Voy improvisando sobre la marcha

Tú sueles ser una persona bastante informada. ¿Estás también estos días siguiendo las noticias? ¿Por qué vías?

Sí. Las sigo por televisión

Cuéntame cómo es uno de estos días

Me levanto, me ducho, desayuno, leo, escribo algo, hago alguna cosa en casa, veo la televisión, y poco más.

¿Te vienes abajo en algún momento?

Normalmente no, aunque a veces siento un poco de preocupación

Seguro que entre las tareas para hacer más llevadero este encierro, la más importante o quizá la que más tiempo dedicas es a la escritura. ¿Estás escribiendo sobre lo que te preocupa? ¿Algo nuevo a la vista para cuando acabe todo esto?

Sí, suelo escribir para El Económico artículos de opinión relacionados con este virus, y también escribo algo relacionado con la última novela que tengo entre manos.

Y, por último: ¿Crees que acabará esto pronto y bien?

Creo que un mes más no nos lo quita nadie. Después, me imagino que progresivamente volveremos a la normalidad, pero teniendo precauciones, y soy un poco escéptico en cuanto a pensar que esta solidaridad que ahora se ve en general, puede continuar. Ya veremos, aunque me gustaría que fuéramos más humanos.

*

Una semana antes de que se impusiera el estado de alarma, José Manuel Pedrós y yo teníamos dos citas: la primera de ellas para tomar un café y charlar sobre cosas de esas de las que a ambos nos gusta hablar, «de letras»; y la segunda, unos días más tarde, para presentar su último libro EN EL ANCHO CAMINO en el Centro Cultural Mario Monreal de Sagunto. No pudo ser. Pero será. No nos cabe la menor duda. Y entonces retomaremos nuestras charlas, con café o con un helado. Mientras tanto, seguimos leyéndonos y escribiéndonos casi a diario nuestros respectivos «¿Cómo estás?, por aquí todo bien, saludos a tu esposa...» «Por aquí también, abrazos y cuidaos…»

Porque… Los amigos cuentan.


jueves, 2 de abril de 2020

Incertidumbre en la lluvia





Imposible concentrarse, a pesar de los ratos de silencio. La lectura de Lorca, la música de Marradi, la tinta en la pluma y el teclado cerrado… 

Uba se fue como se fue la certeza. Me dejó la lluvia, sí, pero teñida de temores.

No tuvimos tiempo de despedirnos como corresponde a dos buenas amigas que han compartido madrugadas durante los últimos meses.

Tal vez vuelva un día envuelta en niebla.

Tal vez cuando nos abran las puertas para comprobar que ya no queda nada.


Fotografía: Amanecer desde Alcalá Galiano -I.Murria-

martes, 10 de marzo de 2020

Leyendo a Lorca






«Cuando me quedo sola»
Me queda vuestra infancia
Los cabellos enredados
Y las noches despierta midiéndoos la fiebre

En la casa donde habitan los silencios
Hacen nido las ausencias
Y en la calle el rumor de la arboleda
Se burla y va restando mis horas

Sabe que una tarde gris
Buscaré bajo la base de sus troncos
Que arañaré la tierra
Para enterrar muy honda mi demencia

Ya hoy me queda una mueca de sonrisa
Cuando al quedarme sola
Deambulo mi noche por el pasillo estrecho
Y compruebo que nada altera vuestro sueño.



Fotografía: LEH, Algarrobo viejo en la ribera del Palancia

domingo, 8 de marzo de 2020

Con permiso de Blas de Otero





Dime si puedes venir, querido Puerto, a renovar la tierra de este páramo en que se ha convertido mi parque que las letras quiebra. Estoy triste porque no llueve y triste si llueve mal y a destiempo.

Vamos, querido Puerto, viste tus mejores galas, las de color marino con fondo gris, y sube navegando por un Palancia desprovisto de cauce.

Vienes y vas junto a mí hasta la Baronía. Ya no entiendo tus palabras como tampoco tus silencios.

Qué haces por estas huertas, querido Puerto, tú solo, aislado, si a cada revuelta del camino
vuelves al mar la cabeza como yo la vuelvo.

Yo te miro desde lejos y, de repente, me siento vieja como el poeta.Y salgo corriendo a pillar un taxi para perderme entre aquella gente amiga de dramaturgos y de las letras.

Y siempre encuentro las mismas voces: de Churruca y de Victoria, de Palmereta y Baladre, de Mercado y de Claveles. Y siento ganas de llorar y renacerme para hacerme gotas de sangre revolucionaria, quizá segregacionista.

Incomprensible, mi querido Puerto, este pupitre en celo y sin maestro. Tu traje de color marino o de fondo gris, qué más me da hoy, si ya no puedo vestirlo en mi cuerpo distante y frío.



Fotografía: LEH

lunes, 24 de febrero de 2020

Silvia Cuevas-Morales




Hace ya algún tiempo que quería comentar acerca de dos de mis adquisiciones literarias del pasado año. Las compré en la Feria del Libro de Valencia, en la caseta de la Editorial Lastura. Sobre ese día de feria ya comenté en su momento. Fue un día intenso, feliz y productivo. tuve la suerte de conocer personalmente a Lidia López, gerente de la editorial, pero, además, los libros que buscaba me los pude traer firmados por su autora Silvia Cuevas-Morales.


Tenía referencias de esta escritora y poeta por las redes. Me gustaba lo que gente conocida compartía de ella y me interesé por su poética- APÁTRIDA: DIARIO DE UN DESTIERRO y EL TREN DEL MIEDO Y OTROS RELATOS -este último de relatos- fueron mis obras seleccionadas.
 
Los leí pronto, durante las dos semanas siguientes a mi visita a la feria. El de poesía, como es costumbre en mí, lo leí primero de un tirón. Después, lo fui cogiendo a días y leyendo algún que otro poema. Siempre vuelvo a mis poeta y los releo. Y siempre lo hago en voz alta. Me gusta la lectura a viva voz.

Pero Silvia Cuevas-Morales es mucho más que sus obras. Es la mujer entera que, al igual que yo leo en voz alta, ella escribe en voz alta. Y alza su voz no solo por ella. Es una voz a la que no detienen tiranos ni fronteras, una voz que hoy os acerco desde esta sección de «entrevistas» de De Fragua y Yunque.

¿Quién es Silvia Cuevas Morales?


Difícil pregunta.  ¿Alguna vez llegamos a saber quiénes somos realmente? Soy una mujer sencilla, feminista, solitaria y nostálgica por naturaleza. Algunas personas dicen que soy poeta… Una mujer a quien le quita el sueño las injusticias, la desigualdad, el terrible drama de las personas desplazadas y que buscan refugio lejos de su tierra natal, los abusos de poder, los asesinatos machistas, la represión de los Estados supuestamente democráticos... Una mujer que aún tiene sueños y que lucha por no perder la esperanza. Una mujer que cree en tender puentes y que sumar es mucho mejor que restar, aunque demasiadas veces me doy de bruces con la dura realidad, el egoísmo, el oportunismo y la hipocresía...

¿Qué recuerdas de tu primera infancia?

Mi madre, mi escuela, mis profesoras, mi mejor amiga que se llamaba Cecilia, mi barrio de Santiago. La imagen de la cordillera en la distancia. Mis vacaciones con mi familia en tren durante los veranos. Las clientas de mi madre que venían a casa (mi madre era modista). Recuerdo a esas mujeres fuertes, independientes, valientes que traían telas exóticas de sus viajes y que tras el Golpe no volví a ver.

¿Guardas la imagen de cuando te dijeron que teníais que emprender un largo viaje?

No recuerdo con exactitud cuando mis padres me lo dijeron, pero tardamos dos años en salir del país tras el Golpe de Estado de 1973. Teníamos dos opciones, Australia o Canadá, que fueron los países que en ese momento abrieron sus puertas a miles de chilenos y chilenas. Australia nos aceptó primero. Recuerdo que por entonces llevaba un diario, como toda adolescente, y en él describí esos momentos. Ahora tendría que desempolvar ese diario para recordar esos momentos que mi memoria adulta ha borrado.

¿Apreciabas algo raro o especial en el ambiente de casa durante los días previos al viaje?

Cuando por fin tuvimos fecha, recuerdo el nerviosismo de mi padre y de mi madre. Recuerdo cómo las cosas iban desapareciendo de casa. Supongo que las iban vendiendo o regalando. En especial, recuerdo la enorme tristeza de mi madre y la inquietud de mi hermana. Yo tenía 13 años y mi hermana 15.



¿Recuerdas el viaje

Tengo mala memoria y mis recuerdos son borrosos, pero sí recuerdo algunas cosas. Recuerdo el haber hecho una escala en Lima, Perú, donde pasamos una noche. Luego otra escala en Papetee, Tahití. Allí nos quedamos en unos apartamentos, y luego Sídney, creo…  y nuestro destino final, Melbourne. Me sorprende, ahora que me lo preguntas, que no recuerdo quién nos despidió en el aeropuerto de Chile y tampoco recuerdo ningún detalle de ninguno de los aeropuertos en los que hicimos escala. Siempre he pensado que el shock de cambiar de país me hizo borrar muchos recuerdos. La cantidad de cosas nuevas y la necesidad de sobrevivir en una nueva cultura, solapó la experiencia del viaje y la despedida…

Y llegas al destino: Otra lenguaotro colegioy… el mundo de las letras ¿Cuándo empiezas a escribir?

Como te comentaba antes, ya de pequeña escribía en un diario y allí empecé a escribir mis primeros versos, pero no fue hasta llegar a Australia que ya me puse a escribir poemas en inglés como un reto. En la secundaria tuve una profesora que me alentó y me apoyó muchísimo, Ms. Valerie Campo. Solíamos quedar durante el almuerzo para ver mis poemas y corregirlos y ella me animó a participar en una revista que se publicaba anualmente. Luego ya vino mi época universitaria donde empecé a moverme en algunos grupos literarios y a enviar mis poemas a revistas. Antes costaba mucho más que ahora publicar, pero por fortuna, aunque a veces recibía una carta que me decía que en esa ocasión no me publicarían, también recibí cartas de muchas en que sí aceptaban mis poemas. Incluso pagaban por los poemas publicados, no como ahora.

¿Conservas tus primeros textos?

Sí… aunque debería quemarlos porque son horrorosos, pero les tengo cariño. También conservo copia de todas las revistas literarias australianas y los periódicos en los que me publicaron.

¿Qué te mueve a la poesía?

De adolescente comencé a interesarme por la poesía en la escuela, aunque no fuera un género popular entre mis amistades. Y la verdad es que ya de muy jovencita empecé a escribir mis primeros versos. Jamás pensé en publicar, pero a nivel personal me servía como un desahogo. Yo era muy tímida y solitaria de joven y sentía tantas cosas que quería expresar pero que jamás me hubiera atrevido a expresarlas en voz alta, y supongo que la poesía se prestaba para esa expresión. Para mí, de joven, se trataba de una forma inmediata de volcar en papel lo que quería expresar.

Luego vino el aprendizaje y por supuesto que ya no me limito a escribir tan sólo de «sentimiento». Gran parte de mi poesía es social, pero sigo prefiriendo el verso a la prosa aunque también haya publicado relatos.  La poesía me ha acompañado durante tantísimos años que no puedo imaginar mi vida sin ella, tanto como lectora y como autora.

Y llega también el activismo: ¿En qué momento?

Si hablamos del activismo como participación activa en movimientos políticos y sociales, supongo que desde muy jovencita sentí interés en los pueblos y los colectivos oprimidos, aunque no milité en ningún partido ni asociación oficialmente, pero desde joven apoyé y participé en muchas marchas y eventos. Actos de apoyo al pueblo Kurdo, Saharaui, chileno, al pueblo mapuche, al pueblo aborigen de Australia, al pueblo palestino, y por supuesto en marchas y actos feministas y en actos en apoyo al colectivo LGTBI. 

En España, participé activamente durante más de diez años en Vindicación Feminista y en el Partido Feminista de España, fundado por Lidia Falcón. Luego «me quemé» y hace años voy por libre, aunque sigo apoyando diversas luchas, tanto en la calle como con mis escritos.

¿Alguna razón personal? 

Creo que el hecho de haber presenciado un golpe de estado en mi país natal me marcó para siempre y no puedo callarme ante las injusticias ni la represión. El hecho de haber sido emigrante dos veces (en Australia y en España) también me ha marcado profundamente y me niego a aceptar el racismo sin hacer algo. Me niego a cerrar los ojos ante el drama de las pateras, de lxs refugiadxs. Y definitivamente el hecho de ser mujer y lesbiana, me ha llevado a participar en el movimiento feminista y en el movimiento LGTBI. Aunque reitero, ya no milito ni pertenezco a ninguna entidad ni asociación pero, mientras viva, seguiré intentando hacer lo que pueda para combatir y denunciar las injusticias y el abuso de poder en el mundo. Ya sea en la calle o con mi poesía o con mi participación en actos solidarios.

 ***

Y emprendes nuevos caminos que en estos momentos te sitúan en España. Aquí es donde llego a conocerte y leerte. Eres traductora, escritora y poeta, pero te prodigas más divulgando la obra de otras mujeres que la tuya propia. A diario nos acercas a poetas que fueron silenciadas, pero también a autoras contemporáneas que no conoceríamos sin la labor de difusión de mujeres como tú. A unas las rescatas del silencio y a otras les abres la puerta que nos permite conocerlas. Es sin duda una gran labor además de necesaria. 

Quienes te seguimos en fb comprobamos que tus inquietudes siguen en pie de guerra en defensa de la justicia y de la igualdad real entre hombres y mujeres… Por desgracia, desde hace unos meses, la indignación te golpea muy directamente desde tu Chile querido. La tiranía que se materializa en las calles de tu país y el silencio cómplice de los medios en esta parte que tanto se llena la boca cuando de otros países se trata, te supera —nos supera—. He comprobado a diario cuánto te duele ese silencio. 

Podría alargarme mucho en esta charla, saboreando un buen café calentito ahora que hace frío, y sé que aportarías a mi sobremesa un sinfín de cosas positivas. Pero de momento me sumergiré de nuevo entre las páginas de APÁTRIDA: DIARIO DE UN DESTIERRO, en uno de esos poemas que transcribo y que me tocó mucho la fibra desde la primera de sus lecturas:

Yo vi
Buitres lanzando bombas sobre la Moneda
mancillando la ilusión del pueblo
ensangrentando las alamedas

Yo vi
Títeres disfrazados de falsas primaveras
apostados en los tejados
disparando sobre el pueblo que corría por las aceras

Yo vi 
A mi padre pedaleando en una bicicleta rota
camino a casa con el corazón destrozado
como el de sus compañeros en la derrota

Yo vi
A mi madre en lágrimas cosiendo a escondidas
para seguir manteniéndonos
con algunas de sus clientas 
exiliadas
                               desaparecidas

Yo escuché
Las ráfagas de madrugada
las botas del enemigo que en cada puerta acechaban
mientras las casas de los traidores
                               emergían abanderadas

Yo vi
Mi hogar desaparecer en cuatro maletas desvencijadas
mis amigas
                mis libros
                               mi infancia
Todo se esfumaba mientras mi país se desangraba

Yo vi
Aquella enorme nave que surcaría los cielos
los ojos llorosos
                los pañuelos que se agitaban en el viento
y jamás volví a pisar lo que fue mi pueblo

Yo vi
Y aunque me quedara ciega
jamás se borrará el recuerdo
del horror que ese día


Como indico al principio de esta charla-entrevista, cuento con dos de las obras de Silvia, APÁTRIDA -DIARIO DE UN DESTIERRO- y EL TREN DEL MIEDO Y OTROS RELATOS, pero su obra y publicaciones en revistas es mucho más intensa. La podéis visitar en su blog:
silviacuevas-morales.blogspot.com 

No os dejará indiferentes.


miércoles, 5 de febrero de 2020

La carrera





En nada nacerá un nuevo paisaje
Lo anuncia la luz que entra por la ventana
Y la voz del gorrioncillo que en el nido habita

Apremia la arena en este reloj antiguo
Se desprende apresurada
Antes que alcance el vacío…

Uba unta su tostada mientras yo me abrazo a Lorca. «El viento en las vidrieras no me alcanza» y no altera mi ánimo el volumen de las hojas muertas en el suelo del parque. Siempre de lluvia y a veces de otoño, mi invitada muda su piel como las ramas que se desnudan en la copa del árbol.

Parece no haber ya inviernos. La nieve escasea. Arriba en la montaña la tierra del suelo se endurece, y el camino se muestra propicio para la próxima carrera. Las aves huirán despavoridas a otros cielos vecinos; los corazones de los animalillos del bosque palpitarán bruscos y desorientados en las oquedades de los riscos y de los troncos más viejos; los pequeños insectos y las florecillas silvestres que bordean el barranco, marchitos sus colores, perecerán bajo el peso devastador de las suelas que calzan los corredores de la montaña…

Uba adivina la tragedia en el bosque. Impotente toma su café y su tostada untada de mieles y tristeza. Yo, impotente también, la observo, poso mi mano en su hombro y me vuelvo con Lorca a mi butaca.


Fotografía: LEH